Encontraron virus similares al coronavirus en murciélagos de Laos, a 2.000 km de Wuhan

Fueron descubiertos al inicio de la pandemia por científicos del Instituto Pasteur de Francia y de Laos. Por qué el hallazgo es clave para entender el origen del COVID-19

El origen de la pandemia aún no está cerrado. Hay diferentes hipótesis en la mesa. Una carta publicada en la revista Science el 14 de mayo por 18 prestigiosos científicos, aunque solo uno de ellos experto en coronavirus, pidió que no se descarte la hipótesis del escape del virus desde un laboratorio en China ha reabierto la discusión.

La nueva investigación en Laos aportaría más pruebas hacia un salto natural entre especies, que es otra de las hipótesis. Las conclusiones de esa investigación fueron publicadas en la plataforma científica Research Square. Se trata de un estudio que aún no ha sido evaluado de forma independiente por otros investigadores, antes de ser publicado en la revista científica.


Los investigadores franceses, junto a sus pares del Instituto Pasteur de Laos y de la universidad nacional de ese país, llevaron a cabo entre finales de 2020 y principios de 2021 una misión en el norte de Laos para analizar diferentes especies de murciélagos que viven en grutas calcáreas. De acuerdo con el doctor Eloit, tras el análisis de las diversas muestras recogidas, y gracias a datos coincidentes, “sospechamos que algunos murciélagos insectívoros podrían albergar el virus”.

Las muestras fueron recogidas en una región que forma parte de un inmenso relieve kárstico, con formaciones geológicas calcáreas, ideales para albergar a colonias de murciélagos, que se extiende desde Laos hasta el norte de Vietnam y el sur de China.

“Laos comparte ese territorio común con el sur de China, lleno de cavernas donde viven los murciélagos, por eso decidimos explorar por ese lado”, explicó Marc Eloit. Lo que sucede en esa zona es representativo de todo el ecosistema de las cuevas.

Las secuencias de los virus hallados en los murciélagos son casi idénticas a las del SARS-CoV-2 (que es el nombre científico del virus del COVID-19) y los investigadores pudieron demostrar que es capaz de contaminar células humanas. Sin embargo, los virus analizados carecían de lo que se conoce como “sitio de clivaje de la furina”, una función presente en el SARS-CoV-2, que activa la proteína Spiga.

Esa proteína es la que permite al virus mejorar su poder de penetración en las células humanas, y por eso, ha sido clave para que el coronavirus que se haya propagado por todo el planeta.

Varias hipótesis podrían explicar ese eslabón perdido en los virus recién analizados, explica Marc Eloit. “Quizás un virus no patógeno circuló primero entre los seres humanos antes de mutar”, sugirió el experto. “O quizás un virus muy cercano de los virus identificados posee este sitio de clivaje, y aún no lo hemos hallado”, afirmó.

Pero la pregunta más sensible es otra: “¿cómo es posible que el virus de los murciélagos hallado en las cavernas fuera a parar a Wuhan?”. La ciudad se halla a 2.000 kilómetros más al norte. Por ahora no hay respuesta clara a este interrogante. Sea como sea, el estudio “supone un gran avance en la identificación del origen del SARS-CoV-2”, estimó Eloit.

Su principal conclusión sería que existen virus muy cercanos al SARS-CoV-2 en los murciélagos, que son capaces de infectar al hombre sin animal intermediario, como el pangolín. A finales de agosto, un grupo de expertos a los que la Organización Mundial de la Salud (OMS) encargó un informe sobre el origen del COVID-19 advirtieron que las investigaciones se hallaban en un “punto muerto”.

Los científicos que lanzaron la señal de alarma formaban parte del equipo de 17 investigadores que la OMS mandó a China, donde tuvieron que trabajar junto a otros 17 investigadores chinos. Esa pesquisa inicial, en el mes de enero, desembocó en un informe conjunto del 29 de marzo, que no aportaba una respuesta clara a las incógnitas.

En una carta publicada en la revista Nature, los expertos designados por la OMS afirmaron que la investigación sobre el origen se encuentra en una “coyuntura crítica” que requiere una colaboración urgente, pero que en cambio se ha estancado. Entre otras cosas, señalaron que los funcionarios chinos siguen siendo reacios a compartir algunos datos en bruto, alegando preocupaciones por la confidencialidad de los pacientes.

A principios de este año, la OMS envió un equipo de expertos a Wuhan, donde se detectaron los primeros casos humanos de COVID-19 en diciembre de 2019, para investigar qué podría haber desencadenado la pandemia que ha afectado a casi 230 millones de personas y ha causado más de 4,7 millones de muertes en todo el mundo.

En junio pasado, otra investigación de la OMS había señalado que los mercados que vendían animales, algunos muertos, otros vivos, en diciembre de 2019 en Wuhan, China, podrían haber sido el inicio probable de la pandemia. Ese trabajo analizó hipótesis alternativas sobre cuándo y dónde surgió la pandemia, y concluyó que el virus probablemente no se propagó ampliamente antes de diciembre ni escapó de un laboratorio. El informe de investigación, también evaluó en profundidad el papel probable de los mercados, incluido el mercado de Huanan en Wuhan, al que están vinculadas muchas de las primeras infecciones conocidas por COVID-19.