#OpiniónVox

Lo que el cáncer me ha enseñado….

Siempre me ha gustado hablar, a veces lo he hecho de más y ese ha sido un problema en algunas ocasiones, lo cierto es que cuando hablo siempre lo hago desde el corazón porque creo que él tiene una fuente interminable de ideas y palabras que siempre se le atribuyen al cerebro, pero que en realidad tienen su origen en el fuerte corazón, el que aguanta la tristeza y que se regocija con el amor. ¡Ese sí que es un fregón! Hoy, en este momento de mi vida mis palabras tienen una imperiosa necesidad de salir de ahí, del corazón. Hace más de 4 años, fui diagnosticada con cáncer de mama, la noticia fue devastadora para mí. Preguntas, miles de ellas surgieron en mi cabeza, sin que pudiera encontrar un sentido a la noticia, lo que sé es que nadie debe recibir una noticia de esta naturaleza sola. De repente mi vida se paró, en seco, en frio, recuerdo hasta el aire helado de esa mañana, recuerdo a la radióloga con cara de prisa y angustia pedirme que fuera urgentemente con un oncólogo, recuerdo que por un momento me sentí la más sola de este mundo, que extrañe más que nunca a mi madre, su mano en mi cabeza, y su abrazo de apapacho, y en ese instante en ese mismísimo segundo, mi vida cambió. De repente todo tenía sentido, especialmente la muerte. Mi cabeza comenzó a actuar de una forma que ni yo creía, y mi corazón le hacía segunda. De repente deje de preocuparme y comencé a ocuparme de ese asunto, siempre identifique dos caminos: el primero quedarme ahí parada, helada, angustiada y muerta de miedo; el segundo, ir a buscar al oncólogo y ver de qué se trataba el diagnóstico. En la vida hay decisiones difíciles por tomar, momentos difíciles que afrontar, retos difíciles de lograr y todo tiene que ver con la forma en la que los observamos. El diagnóstico fue confirmado, tenía cáncer de mama en mi seno izquierdo, había que operar y así paso, un diagnóstico erróneo en la biopsia me hizo someterme a una segunda cirugía en menos de un mes. Y pues ahí estaba, en el hospital llena de dudas, terror y miedo, pero agradecida a Dios por su detección temprana. Recuerdo ver mi cuarto lleno de flores al salir del quirófano, a mi familia, a mis amores, pero lo más impactante era la cantidad de amigos que llegaron a verme, no así amigas, y eso me hace pensar dos cosas: ¡¡los hombres estaban más preocupados por mis senos que mis amigas!! ¿O mis amigas morían de terror de verse en mi espejo? Creo que la segunda es la más acertada. El miedo es el sentimiento que irremediablemente te confronta contigo misma, que te saca de tu zona de confort, que te replantea las verdades y aquellas que tú crees que lo son, que te pone frente a frente con lo que eres, y con lo que no quieres darte cuenta que eres y es ahí cuando te confrontas con él, que en realidad entiendes que no tienes control en la más mínima parte de la forma en la que tu cuerpo fluye y decide empezar a despedirse de la vida, a transformarse como lo conocías a cambiar, y tú con él. Cuando estoy frente a mujeres como yo, y yo como ellas, cuando me regalan unos momentos de su vida para escucharme, cuando tengo enfrente a mi amiga, a mi hermana, a la de al lado, a la de enfrente, a la diferente a mí, y a la que no lo es tanto, y les pregunto si ya fueron a revisarse, la respuesta que se repite una y otra vez es “me da miedo”. Mi respuesta a esa afirmación es, -seguro que da miedo-, pero -más miedo da vivir con cáncer-, vivir con esa sombra pesada y obscura detrás de tu espalda, alojada en tu corazón, instalada en tu mente, en tus palabras, en cada uno de los instantes que piensas dar un paso adelante, -eso sí que da miedo-!!! Creo que como en otras cosas, no hemos entendido que la prevención hace la diferencia entre la vida y la muerte, que el vencer nuestros miedos es el parteaguas que nos abre la puerta al futuro, que el limitarnos a cerrar los ojos esperando que el “coco” pase como cuando éramos niñas en medio de una noche obscura, solo hace que ese monstruo, el imaginario, el que ni queremos enfrentar, crezca, y lo haga tan enojado y fuerte, que seguro nos puede aplastar. La vida con este diagnóstico tiene varios caminos, yo estoy tratando de seguir el que me haga más feliz, y digo tratando, porque todos los días es un reto, es una nueva oportunidad. Hay ocasiones que el miedo me gana, otras que le gano yo, y así nos llevamos los días en un eterno partido de resistencia pero sobre todo de resiliencia. Lo único que tenemos seguro en la vida es la muerte, y cuando entendí ese planteamiento lo único que me quedo acomodar en mi cerebro y corazón, es que no debo y no quiero desperdiciar ningún día de los que me queden; lo jodido y perverso, es que sea de esta forma que tuve que haberlo entendido. Hoy me queda claro que acumular riquezas te quita tiempo de vida, que acumular cariños y empatías te hace más placentero este camino y le da un sentido a todos los días, que los grandes problemas y responsabilidades que nos echamos encima, solo nos quitan aire para inhalar y exhalar con agradecimiento, amor y tranquilidad. Nunca ha cobrado más sentido en mí la frase de: “no vale la pena”. No la vale el pelear, no la vale el envidiar, no la vale el desearle mal al otro o la otra, no la vale el pensar en el pasado que dolió pero que ya pasó, no la vale el pensar sólo en el trabajo, el pensar sólo en lo que no tengo pero que tampoco necesito, no la vale el olvidarme de mi ni de ti. Así que siempre será mejor prevenir que vivir con miedo eterno. Tócate, revísate, cuídate, el cáncer es curable si se detecta a tiempo.

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SER NIÑA EN UN PAÍS COMO MÉXICO

De manera general hablar de la infancia en México, es hablar de un sector de la población que requiere de especial atención y preocupación desde todos los ámbitos. UNICEF señala que en México habitan 40 millones de niños, niñas y adolescentes en el país, de los cuales más de la mitad viven en pobreza, y de ellos, alrededor de 4.7 millones se encuentran en pobreza extrema. Todas estas realidades se acrecientan mucho más en las niñas, al verse también violentadas por historias de desigualdad, discriminación y violencia que, sin lugar a dudas, atentan contra el planteamiento de la Declaración Universal de Derechos Humanos que proclama que la infancia tiene derecho a cuidados y asistencia especiales. En este tenor es necesario plantear que las niñas son impactadas por los estereotipos de género, por ejemplo, en muchos lugares se sigue considerando que las niñas no necesitan educación y que se tienen que preparar para el matrimonio, se les educa teniendo en mente que son las responsables del trabajo doméstico así como históricamente lo han hechos sus madres, siguen estando en muchas ocasiones a cargo del cuidado de otras personas, sus hermanas y hermanos, sus abuelos, o incluso sus padres o madres. Otra lamentable realidad a la que se enfrentan día a día miles de niñas en el mundo es la relativa a la violencia, violencia de distintos tipos y modalidades entre la que encontramos la violencia sexual, la explotación sexual, la pornografía infantil, la explotación laboral entre otras realidades que son sin lugar a dudas producto de la influencia de relaciones de poder basadas en el género, profundamente arraigadas en la sociedad y de una cultura adultocentrista y misógina que sigue perpetuando en ellas las desigualdades y la violencia estructural. Los datos estadísticos nos revelan estas realidades, de acuerdo con el Informe Anual de la Unicef 2018, en México es asesinada una niña todos los días, mientras que dos de cada 10 personas extraviadas o desparecidas son niñas, niños y adolescentes. Además, que, por cada 10 niñas, niños y adolescentes, entre uno y 14 años, seis han experimentado algún método violento de disciplina infantil en sus hogares. Así mismo, datos de la Encuesta Intercensal 2015, 28.4% de las adolescentes de 15 a 17 años no han concluido su educación secundaria, por su parte la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID), señala que 9.6% de las adolescentes de 15 a 17 años han estado embarazadas alguna vez. México al ser estado parte de los instrumentos internacionales en materia de Derechos Humanos de la infancia, tiene la obligación de generar todos los mecanismos institucionales, legislativos y de colaboración entre la sociedad y el gobierno, a fin de garantizar los derechos de la niñez de manera integral. En el marco del Día Internacional de la Niña es importante visibilizar y atender la realidad que viven las niñas en México, es importante identificar la doble o triple discriminación a la que ellas se enfrentan, la primera por su condición de género y la segunda por ser menor edad, y en determinados casos por ser indígenas, migrantes o tener alguna discapacidad, pero sobre todo y ante todo, identificar la responsabilidad que tenemos como sociedad y como autoridades para garantizarles una vida plena, libre de violencia y en condiciones de igualdad.

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Madero, el páramo anunciado

Hace algunos años, a raíz de un artículo publicado por quien esto escribe sobre los fatales desequilibrios ecológicos y sociales que estaba acarreando el monocultivo extensivo del aguacate, un lector dedicado a esta actividad y muy ufano de las bondades económicas de estas plantaciones, argumentó con ánimo triunfal que se estaban ensayando variedades modificadas para que el cultivo se hiciera incluso en tierras cálidas. Que el aguacate era lo mejor que nos había pasado, celebraba. Ya para entonces dábamos seguimiento a la expansión de la frontera aguacatera en el municipio de Madero y sus terribles consecuencias en la reducción acelerada de bosques, la escases de agua, el incremento en la intencionalidad de incendios forestales, la aplicación de plaguicidas que merman la población de abejas y otros insectos, la contaminación de arroyos y ríos que han hecho incomibles los peces del rio Curucupatzeo y la reducción de la fauna salvaje a la que se le cortan los corredores biológicos. Además, observábamos con preocupación el incremento de las tensiones sociales por el acceso al agua, la agudización del acoso para la compra forzada de tierras boscosas y la proliferación del inmobiliarismo aguacatero que ha carcomido los vínculos sociales de los pueblos y su relación con sus ecosistemas, el uso de tecnologías que dañan los ciclos naturales del medio ambiente y el incremento de la inseguridad por la porosidad social propiciada por estas empresas sin pertenencia social ni cultural. A seis años de aquella publicación confirmamos que la expansión aguacatera en Madero ha cumplido con creces los peores pronósticos. A la fecha no sólo no se ha detenido la destrucción de cientos de hectáreas de bosque sino que se ha triplicado la velocidad con la que se arrasan. La impunidad con la que se pueden arrasar 10 o 100 hectáreas de pino y encino durante un par de meses es asombrosa y escandalosa si consideramos que los ciudadanos realizan denuncias oportunas que son ignoradas por quienes tienen la responsabilidad constitucional de aplicar el derecho ambiental. En Madero se arrasan bosques y se hace cambio de uso de suelo como si hubiera permiso para ello. Es el negocio de moda. Es tan rutinario este fenómeno que la policía municipal -conforme a información obtenida- escolta a los compradores de madera ilegal para que la realicen en ciertos aserraderos o la desaparezcan en cualquiera de las 11 astilladoras permitidas en Madero y Acuitzio del Canje. Los bosques de Madero, sur de Morelia y Acuitzio, son proveedores estratégicos de servicios ambientales, esenciales para más de un millón y medio de personas que habitan el valle de Guayangareo y una gran parte de los pueblos de tierra caliente, más allá de ser imprescindibles para los ecosistemas que albergan. La ausencia de gobierno y ley en la sierra de Madero ha permitido que en pocos años el desmantelamiento de bosques sea brutal. Podemos tomar como indicador de este ecocidio el incremento en la instalación de ollas captadoras de agua. Toda huerta que se precie de funcional debe contar con al menos una de grandes dimensiones. Pues bien, el incremento en un par de años ha sido de trescientos por ciento, con la complacencia o no de Conagua. Son ollas que preferentemente aprovechan los nacimientos naturales y las zonas de infiltración secando los arroyuelos y dejando sin agua a los ecosistemas y poblaciones tierras abajo. Los pobladores de Madero saben perfectamente que en pocos años sólo quedará un páramo de lo que son y fueron sus bosques. Lo que viene es un conflicto vigoroso por el acceso al agua y por el cuidado y rescate de su territorio natural. Este hecho, por sí mismo, pone en evidencia el fracaso de las políticas ambientales de todos los órdenes de gobierno que hasta ahora solo han administrado la protesta y paliado los reclamos sin tocar el fondo de la problemática. En este contexto emergen iniciativas cívicas determinadas por esta preocupación. En la última semana destaca el acuerdo del ejido más antiguo de Madero, que data de 1925 y del cual depende la vida ambiental de la cabecera municipal. El Ejido de Villa Madero ha decidido tomar acciones firmes para proteger sus bosques del acoso aguacatero y de algunos madereros que están sacando ventaja de la madera talada fuera de la ley. La pérdida de caudales de agua, nos dicen, ha mermado la producción agrícola y disminuido la que corre hacia tierra caliente. Si el Ejido de Villa Madero pierde sus bosques la cabecera municipal la pasará muy mal y la razón es simple: de ellos depende el agua y la calidad de vida de sus pobladores. Para los ejidatarios es claro que quien tala o estimula el derribo con la compra de madera ilegal está dañando la vida de toda la población, está matando a Madero, lo está llevando a la condición de páramo. Este fenómeno está generalizado en la zona de Coalcomecas y los nacimientos que proveen de agua a Moreno y San Diego Curucupatzeo, la segunda tenencia más grande del municipio. Otros ejidos del municipio han tomado decisiones semejantes como el de Acatén, San Diego, San Pedro y la Concepción, incluso ejidos del sur de Morelia como el de Nieves han hecho lo propio y es que ante la ausencia del gobierno no se puede perder el tiempo. Lo que está en juego es la vida de los pueblos que habitan estas sierras y parece que al gobierno eso le importa un bledo. Hasta ahora no hemos sido testigos de que el aguacate pueda cultivarse en zonas cálidas pero sí del poder económico y político que los grandes cultivadores y sus proveedores han alcanzado. Un poder que les permite ahora disputarse municipios, diputaciones y la gubernatura. Espacios que si los consiguen, sobra decir, estarán al servicio de sus intereses económicos construidos con base en el ecocidio. Si así fuera, la conversión de bosques en páramos está asegurada para Madero y todo Michoacán… si antes no alzamos la voz para impedirlo.

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Madero, el páramo anunciado

Hace algunos años, a raíz de un artículo publicado por quien esto escribe sobre los fatales desequilibrios ecológicos y sociales que estaba acarreando el monocultivo extensivo del aguacate, un lector dedicado a esta actividad y muy ufano de las bondades económicas de estas plantaciones, argumentó con ánimo triunfal que se estaban ensayando variedades modificadas para que el cultivo se hiciera incluso en tierras cálidas. Que el aguacate era lo mejor que nos había pasado, celebraba. Ya para entonces dábamos seguimiento a la expansión de la frontera aguacatera en el municipio de Madero y sus terribles consecuencias en la reducción acelerada de bosques, la escases de agua, el incremento en la intencionalidad de incendios forestales, la aplicación de plaguicidas que merman la población de abejas y otros insectos, la contaminación de arroyos y ríos que han hecho incomibles los peces del rio Curucupatzeo y la reducción de la fauna salvaje a la que se le cortan los corredores biológicos. Además, observábamos con preocupación el incremento de las tensiones sociales por el acceso al agua, la agudización del acoso para la compra forzada de tierras boscosas y la proliferación del inmobiliarismo aguacatero que ha carcomido los vínculos sociales de los pueblos y su relación con sus ecosistemas, el uso de tecnologías que dañan los ciclos naturales del medio ambiente y el incremento de la inseguridad por la porosidad social propiciada por estas empresas sin pertenencia social ni cultural. A seis años de aquella publicación confirmamos que la expansión aguacatera en Madero ha cumplido con creces los peores pronósticos. A la fecha no sólo no se ha detenido la destrucción de cientos de hectáreas de bosque sino que se ha triplicado la velocidad con la que se arrasan. La impunidad con la que se pueden arrasar 10 o 100 hectáreas de pino y encino durante un par de meses es asombrosa y escandalosa si consideramos que los ciudadanos realizan denuncias oportunas que son ignoradas por quienes tienen la responsabilidad constitucional de aplicar el derecho ambiental. En Madero se arrasan bosques y se hace cambio de uso de suelo como si hubiera permiso para ello. Es el negocio de moda. Es tan rutinario este fenómeno que la policía municipal -conforme a información obtenida- escolta a los compradores de madera ilegal para que la realicen en ciertos aserraderos o la desaparezcan en cualquiera de las 11 astilladoras permitidas en Madero y Acuitzio del Canje. Los bosques de Madero, sur de Morelia y Acuitzio, son proveedores estratégicos de servicios ambientales, esenciales para más de un millón y medio de personas que habitan el valle de Guayangareo y una gran parte de los pueblos de tierra caliente, más allá de ser imprescindibles para los ecosistemas que albergan. La ausencia de gobierno y ley en la sierra de Madero ha permitido que en pocos años el desmantelamiento de bosques sea brutal. Podemos tomar como indicador de este ecocidio el incremento en la instalación de ollas captadoras de agua. Toda huerta que se precie de funcional debe contar con al menos una de grandes dimensiones. Pues bien, el incremento en un par de años ha sido de trescientos por ciento, con la complacencia o no de Conagua. Son ollas que preferentemente aprovechan los nacimientos naturales y las zonas de infiltración secando los arroyuelos y dejando sin agua a los ecosistemas y poblaciones tierras abajo. Los pobladores de Madero saben perfectamente que en pocos años sólo quedará un páramo de lo que son y fueron sus bosques. Lo que viene es un conflicto vigoroso por el acceso al agua y por el cuidado y rescate de su territorio natural. Este hecho, por sí mismo, pone en evidencia el fracaso de las políticas ambientales de todos los órdenes de gobierno que hasta ahora solo han administrado la protesta y paliado los reclamos sin tocar el fondo de la problemática. En este contexto emergen iniciativas cívicas determinadas por esta preocupación. En la última semana destaca el acuerdo del ejido más antiguo de Madero, que data de 1925 y del cual depende la vida ambiental de la cabecera municipal. El Ejido de Villa Madero ha decidido tomar acciones firmes para proteger sus bosques del acoso aguacatero y de algunos madereros que están sacando ventaja de la madera talada fuera de la ley. La pérdida de caudales de agua, nos dicen, ha mermado la producción agrícola y disminuido la que corre hacia tierra caliente. Si el Ejido de Villa Madero pierde sus bosques la cabecera municipal la pasará muy mal y la razón es simple: de ellos depende el agua y la calidad de vida de sus pobladores. Para los ejidatarios es claro que quien tala o estimula el derribo con la compra de madera ilegal está dañando la vida de toda la población, está matando a Madero, lo está llevando a la condición de páramo. Este fenómeno está generalizado en la zona de Coalcomecas y los nacimientos que proveen de agua a Moreno y San Diego Curucupatzeo, la segunda tenencia más grande del municipio. Otros ejidos del municipio han tomado decisiones semejantes como el de Acatén, San Diego, San Pedro y la Concepción, incluso ejidos del sur de Morelia como el de Nieves han hecho lo propio y es que ante la ausencia del gobierno no se puede perder el tiempo. Lo que está en juego es la vida de los pueblos que habitan estas sierras y parece que al gobierno eso le importa un bledo. Hasta ahora no hemos sido testigos de que el aguacate pueda cultivarse en zonas cálidas pero sí del poder económico y político que los grandes cultivadores y sus proveedores han alcanzado. Un poder que les permite ahora disputarse municipios, diputaciones y la gubernatura. Espacios que si los consiguen, sobra decir, estarán al servicio de sus intereses económicos construidos con base en el ecocidio. Si así fuera, la conversión de bosques en páramos está asegurada para Madero y todo Michoacán… si antes no alzamos la voz para impedirlo.

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Agendas irreconciliables

La buena voluntad no basta para que se pueda detener la destrucción de la naturaleza. No bastan los acuerdos internacionales que reconocen la gravedad del calentamiento global, como tampoco son suficientes los acuerdos hemisféricos que alertan sobre los problemas ambientales que encaran los países. Tampoco bastan los grandilocuentes discursos que políticos y gobernantes pronuncian para convencer electores arropándose con la bondad de la agenda ambiental. Hemos llegando a un punto en que la agenda ambiental se encuentra estancada y ciertamente en retroceso en muchos lugares del mundo. Los gobiernos de países poderosos como Estados Unidos y otros más están cuestionando, conceptual y prácticamente, los saberes y acuerdos que le han permitido a la comunidad internacional llegar a consensos básicos en torno a la importancia y cuidado de los ecosistemas del planeta. No sólo se continua estimulando el uso de energías fósiles: petróleo y carbón, causantes del cambio climático, también se sigue apoyando el crecimiento de negocios que implican la destrucción de selvas y bosques para la extracción de maderas y para usar los suelos en cultivos de gran valor comercial, o la autorización de explotaciones mineras que tendrán impactos negativos sobre ecosistemas y la vida humana. Si bien es cierto que un segmento importante de gobernantes del mundo, entre los que destacan en nuestro continente Estados Unidos, Brasil y México, han dado marcha atrás a los compromisos ambientalistas y con ello poner en entredicho los consensos globales sobre el cuidado del planeta, no es menos real y preocupante que el discurso de los políticos y gobernantes en pro del medio ambiente sigue estando aún muy distante de acciones prácticas que frenen la destrucción. En el fondo de esta problemática se encuentra el carácter irreconciliable de dos agendas que chocan frontalmente. Por un lado la agenda económica, que sustentada en el paradigma antropocéntrico de que el planeta está para ser apropiado y explotado para abastecer los mercados globales, y por otro, la agenda del planeta natural, que puede ser la agenda ambiental de las conciencias más avanzadas, que se soporta en el paradigma de que el planeta no está ahí para ser tragado por la humanidad, que está ahí a pesar de nosotros y que su dinámica es vital para la existencia de todos los seres vivos. Tal y como existen ambas agendas son irreconciliables. Y sin embargo, la única agenda que puede y debe modificarse es la económica, la que depende de nosotros, la que fue construida a la medida de las ambiciones humanas. La otra, seguirá su ruta dándonos respuestas brutales a la intervención errada de nuestros sistemas productivos. Que este choque es frontal se constata localmente en asuntos como la política energética del gobierno de la república que privilegia el uso de energías fósiles o que favorece los intereses de empresas de agroquímicos, que termina reventado al propio titular de la Semarnat. Por igual se mira en el crecimiento imparable de huertas aguacateras que literalmente están devorando los bosques michoacanos, o de frutillas que se llevan el agua de las poblaciones, y ante los cuales existe una ausencia calculada de la federación, gobierno estatal y municipios. Es decir, ante el dilema economía insostenible - medio ambiente, estamos siendo testigos de la preferencia abrumadora del Estado por la ruta de siempre: la insostenibilidad. Y esto sigue ocurriendo en todo el mundo. Incluso, no es para nada extraño que políticos y funcionarios sean beneficiarios de esta manera de hacer negocios. Algunos porque son prósperos empresarios del ramo y otros porque reciben pingües recursos de estos para apuntalar sus carreras políticas. En el caso de México, nuestro gobierno federal tuvo en sus manos la oportunidad de un rediseño pro ambientalista e iniciar el tránsito hacia procesos productivos amigables con la naturaleza pero claudicó, decidió a partir de criterios ideológicos trasnochados, optar por fortalecer la economía al modo de la era de la Revolución Industrial. El choque frontal de ambas agendas debe atenderse con urgencia desde los gobiernos locales y el gobierno mundial de tal manera que se diseñen y consensen opciones productivas y de consumo globales, que despojadas del antropocentrismo suicida, se transite a un paradigma que asegure la vida del planeta y la permanencia de la especie humana. Nadie, ni gobiernos ni ciudadanos, debemos esperar un momento epifánico para actuar, la responsabilidad que tenemos sobre el mundo natural es tal que de ella depende el presente y el futuro de la civilización.

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Tomemos partido

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido, el silencio estimula al verdugo” Esta es la frase que tomo vida el 26 de septiembre del 2020 en Morelia, miles de niñas y mujeres, tomaron las calles para tomar partido; partido por el derecho a vivir libres de violencia, el derecho a transitar las calles sin miedo, el derecho a ser escuchadas pero sobre todo dejar a un lado el silencio que le da fuerza a los verdugos. El asesinato de Jessica González Villaseñor, se suma a la cruel realidad que mancha de rojo a este país. Las consignas fueron claras, “nos queremos vivas”, “se acostumbraron a decir llora como niña, y cuando las niñas gritaron ya no les gusto”, “no tengo miedo, tengo rabia”, “si no aparezco no prendan velas, prendan barricadas”, “nos quisieron quemar y nos volvimos fuego”, “nací para ser libre, no asesinada”, “qué mujer importante en tu vida tiene que desaparecer para que dejes llamarnos, locas y feminazis”, “nunca tendrán la comodidad de nuestro silencio otra vez”; entre otras frases que pintadas de rojo, verde y morado, plasmaban la rabia, impotencia y frustración que se siente perder a una de ellas, a una de todas. La violencia que vivimos en el país, es el reflejo de años de silencio y normalización de violaciones a los derechos humanos de las mujeres, de sociedades apáticas y cómplices en este silencio, de autoridades ajenas y ciegas a esta realidad, inmersas en burocracia y poca empatía. Escuchar, leer, vivir y sentir la violencia que vivimos todos los días las mujeres en todo el País, es la realidad que lejos de alejarse e irse transformando, pareciera que retoma fuerza y que se encona cada día más en la sociedad. La realidad es que muchas son las aristas que confluyen en el complejo, pero ya bien definido, entramado que da vida a la violencia contra las mujeres. -Es socialmente aceptada, cuando escuchamos frases como: “ella se lo busco por salir de noche”, o cuando decimos “se ganó ese golpe por no ser una buena mujer” y no atender a su marido. -Es culturalmente tolerada, cuando seguimos viendo como todos los días, se siguen promoviendo los matrimonios infantiles, los concursos de belleza que repiten estereotipos, cuando escuchamos canciones que cosifican e hipersexualizan a las niñas. -Es familiarmente aceptada, cuando sabes que tu hijo es violento y no haces nada, o cuando sabes que tu hermana o cualquier mujer de tu familia la vive y prefieres decir en silencio o a gritos, “los trapos sucios se lavan en casa” o “es la cruz que te toco cargar”. Realidades que fomentan que la violencia familiar de enero a agosto del 2020 reporte una cifra nacional de 143, 784 casos, 2 datos que se refuerzan cuando leemos que el 8.1% de las mujeres mexicanas experimentó violencia emocional en el ámbito familiar en el último año. -Es socialmente normalizada cuando escuchas a las mujeres decir “yo me lo busque”, o “ya cambiara porque me quiere”, o decir a los hombres, “es para que se eduque”, o “es por su bien” u otras formas de violencia física que a decir de la ENDIREH, el 34% de las mujeres en México hemos experimentado. -Es imperceptible, invisible en algunos casos, cuando no te das cuenta de que la frase “si me dejas me mato”, o “te celo porque te quiero”, son mecanismos de control y violencia psicológica que a decir de la ENDIREH, el 49 % de las mujeres en México hemos vivido. -Es un problema de educación, cuando repetimos estereotipos de subordinación en el hogar, cuando ponemos a lavar los platos a las niñas o a hacer los quehaceres del hogar y además servirles y atender a los hombres que habitan su casa. -Es un problema de resistencia social y machismo cuando vemos como la sociedad se sigue burlando o juzgando de las mujeres por su apariencia física, por el ejercicio de su sexualidad, por el querer decidir sobre sus cuerpas o por la forma en la que se visten entre otras cosas. O cuando decimos o pensamos cosas como “se ha de haber ido con el novio por eso desapareció”, o “ha de andar en un hotel” o eso se gana por “buscona”, entre una larga lista de descalificativos que nacen desde el prejuicio y del patriarcado introyectado en esta sociedad. -Es construida desde la infancia, cuando sabemos que somos el primer país del mundo productor de pornografía infantil, aportando casi el 60% de la pornografía en el mundo y que además en el 80 % de los casos el abuso sexual infantil es cometido por un integrante de la familia. Y que cuando se conoce esta realidad en los hogares, guardamos silencio y protegemos violadores por el hecho de que nadie se entere pues son cosas de “la familia”. Todas estas realidades que escuchamos, que sabemos o que vivimos, son solo algunas manifestaciones claras de que la violencia contra las niñas y mujeres es una realidad que tiene que atenderse desde muchas aristas, es un obligado binomio que debe de caminar de la mano como fórmula poderosa para poder frenar esta realidad: el cumplimiento de las obligaciones de la autoridad y el apoyo y la trasformación cultural y erradicación de estereotipos desde la sociedad. Las aristas que desde cada lugar debemos atender son claras: -La prevención que irremediablemente debe ser desarrollada con la sociedad teniendo claro que es necesario romper con toda esa normalización que hace que no veamos la forma en la que nos relacionamos y la forma en la que la fomentamos desde el hogar, la escuela y la comunidad. -La atención que requiere de instituciones capacitadas en la identificación de los derechos humanos de las mujeres, que cuenten también con mecanismos que garanticen la sanción en caso de violencia institucional y que además tengan claro que la atención a las mujeres tienen que ser basada en los principios de respeto, verdad, justicia, legalidad y correcta aplicación de las leyes desde una perspectiva de género. -La sanción, que obliga a juzgar con perspectiva de género y a hacer una revisión de la historia de vida de cada mujer para entender cuál es su realidad y contexto. -La legislación sensible al género, que necesariamente debe de revisar la realidad de cada territorio, no desde el escritorio, sí desde el contexto social, económico, comunitario y sobre todo desde las necesidades de las diferentes formas de ser mujer. -Presupuestos etiquetados con perspectiva de género, que tengan claro las necesidades de las mujeres en espacios y territorios determinados. Todo esto confluyendo en el entendimiento que la empatía debe de cruzar por todas estas acciones, tomar partido significa, reconocer la realidad, hacerse cargo de ella, reconocer las violencias, pero también nuestras violencias, para saber dónde estamos parados como sociedad, para saber qué papel jugamos en toda esta realidad, ¿de verdad somos empáticos como sociedad y autoridad?, ¿de verdad nos ponemos los lentes morados de la perspectiva de género? El silencio nunca más será la opción, porque muchos años marco el destino de muchas mujeres y hoy ellas, no lo permitirán más, por Jessica y todas las demás.

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La delirante lucha por Michoacán

En el horizonte político de Michoacán se están perfilando las siluetas de quienes aspiran a gobernar al estado. Son siluetas dominadas por la ansiedad que da la incertidumbre de llegar a no ser. A pesar de lo que algunos quisieran, la dura realidad es que nada puede anticiparse para nadie, la condición líquida de la realidad es atroz, lo que hoy está amarrado mañana no lo estará y esto es válido para partidos fuertes y débiles. Y es que a contrapelo del tiempo político los aspirantes ya proclaman victoria mientras los partidos aún no tienen candidatos formales. Esta visión invertida del tiempo representa un conjuro ritual para domar la incertidumbre sobre los escenarios futuros. Sin embargo, puede ocurrir que los derrotados del futuro sean los victoriosos del presente o a la inversa. Esta, parece ser la tendencia, será la contienda en que los triunfadores existan antes de que haya candidatos y antes de que los ciudadanos emitan su voto, antes de que inicien formalmente las campañas y antes de que un tramo denso y complejo de la realidad se despliegue en los próximos ocho meses. Está ocurriendo que diversas casas encuestadoras, que emergen como los hongos en el verano, ya dan por ganador a uno y a otro. Lo curioso es que los números brincan tanto que conforme favorecen a uno, en el mismo tiempo enaltecen a otro. Es delirante la guerra de encuestas como delirantes y caprichosos los métodos para interpretar la realidad. Podría ser divertido el juego de la guerra de encuestas si no fuera porque se desbordan los criterios éticos con los que se deben conducir los actores políticos a la hora de construir opinión pública. Escenarios semejantes se desarrollaron en la década de los 90 del siglo pasado, en los albores de la democratización de los procesos electorales, en aquellos días la entonces oposición denunciaba con denuedo el carácter abusivo y manipulador de estos albazos electorales que moldeaban la opinión pública para justificar imposiciones. Sorprende la ausencia del árbitro electoral para regular y sancionar estas manifestaciones proselitistas. Da la impresión de que no existieran leyes que deban aplicarse para garantizar un piso parejo a todos. A la guerra de encuestas le acompaña, desde hace meses, la propaganda abierta con espectaculares y reparto de dádivas en barrios, rancherías, pueblos y entre agrupaciones sociales. El órgano electoral padece de ceguera y mudez. La campaña por la gubernatura de Michoacán empezó desde hace meses al margen de la ley. Esto que puede ser anecdótico y justificable desde la dinámica salvaje del poder, por aquello de que el fin justifica los medios, sin embargo, puede traducirse en un conflicto de desavenencias electorales que podría enturbiar la legitimidad de los resultados de la elección del 6 de junio del 21 y meter a los michoacanos en un conflicto que nadie desea. Los protagonistas de la campaña anticipada debieran, con responsabilidad y prudencia, replantear la ruta y la estrategia para incidir en la percepción ciudadana. El apego a la legalidad es el único vínculo que garantiza la paz entre contendientes y electores. Pero del camino que está tomando la desesperada campaña por Michoacán, deben destacarse algunos elementos presentes, que con seguridad marcarán todo el proceso. Por ejemplo, la carencia de proyectos políticos específicos para Michoacán, que por su singularidad y diferenciación, queden expuestos a los ojos de los ciudadanos como alternativas claras para tomar una decisión. Los discursos que hasta ahora se conocen son redundantes apologías de los generalizadores discursos nacionales, como si la realidad estatal no fuera tan evidente como para constituirse en referencia de propuestas congruentes y concretas. Las cuestiones singulares de la salud, la economía, el campo, la transparencia, la educación, la cultura, los ingresos y gastos estatales, la seguridad, la justicia, las comunicaciones, la migración, el medio ambiente, el estado de la democracia, el desempleo, etc., no han sido alumbradas con reflexiones y propuestas. Preocupa este vacío brutal que puede llevar a una campaña centrada en la descalificación y el odio. Y podría decirse que aún no es la campaña formal para hacerlo, y tendría sentido la observación, pero ¿entonces cómo es que se pretenden ya ganadores de la gubernatura sin antes haber persuadido a los electores con sus propuestas? Para nuestra desgracia son los vicios antes que las virtudes de nuestros políticos los que terminan imponiéndose con mayor regularidad ocasionando costos que todos debemos pagar. Michoacán no se merece un horizonte así. La historia abunda en ejemplos que resultan repugnantes y que deberían tener una utilidad: ser el referente de lo que no debiera repetirse. Es decir, no debiera repetirse la omisión de la ley y la prevalencia del cinismo electorero; no debiera repetirse la manipulación de los electores haciéndoles creer que la decisión ya se anticipó; no debiera repetirse la demagogia fundada en el simplismo y el odio para buscar simpatías; no debiera repetirse la vaciedad de contenidos frente a la problemática estatal que justo necesita de claridad y capacidades; no debiera incentivarse la confrontación entre michoacanos porque la unidad es indispensable para el crecimiento de la entidad; no debiera repetirse la promoción de la mediocridad como virtud para gobernar. Michoacán necesita ideas, proyectos, alternativas y propuestas de políticos capaces y congruentes; necesita de espacios en los que se ejerzan los valores democráticos para reflexionar sobre Michoacán y criticar las maneras en cómo se ejerce el poder. La delirante ruta que hasta ahora está en marcha no promete ninguna de estas sustancias. Sólo es garantía de que los medios están justificados para el fin buscado: la gubernatura. Es el delirio por el poder a toda costa. Es la ausencia de la ética en el ejercicio de la política. ¡Lamentable! Sin embargo, los protagonistas tienen la palabra y la acción para modificar este escenario. De cómo asuman esta responsabilidad dependerá la calidad del proceso electoral, la calidad del gobierno que se elija y el destino sexenal de nuestro estado.

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La delirante lucha por Michoacán

En el horizonte político de Michoacán se están perfilando las siluetas de quienes aspiran a gobernar al estado. Son siluetas dominadas por la ansiedad que da la incertidumbre de llegar a no ser. A pesar de lo que algunos quisieran, la dura realidad es que nada puede anticiparse para nadie, la condición líquida de la realidad es atroz, lo que hoy está amarrado mañana no lo estará y esto es válido para partidos fuertes y débiles. Y es que a contrapelo del tiempo político los aspirantes ya proclaman victoria mientras los partidos aún no tienen candidatos formales. Esta visión invertida del tiempo representa un conjuro ritual para domar la incertidumbre sobre los escenarios futuros. Sin embargo, puede ocurrir que los derrotados del futuro sean los victoriosos del presente o a la inversa. Esta, parece ser la tendencia, será la contienda en que los triunfadores existan antes de que haya candidatos y antes de que los ciudadanos emitan su voto, antes de que inicien formalmente las campañas y antes de que un tramo denso y complejo de la realidad se despliegue en los próximos ocho meses. Está ocurriendo que diversas casas encuestadoras, que emergen como los hongos en el verano, ya dan por ganador a uno y a otro. Lo curioso es que los números brincan tanto que conforme favorecen a uno, en el mismo tiempo enaltecen a otro. Es delirante la guerra de encuestas como delirantes y caprichosos los métodos para interpretar la realidad. Podría ser divertido el juego de la guerra de encuestas si no fuera porque se desbordan los criterios éticos con los que se deben conducir los actores políticos a la hora de construir opinión pública. Escenarios semejantes se desarrollaron en la década de los 90 del siglo pasado, en los albores de la democratización de los procesos electorales, en aquellos días la entonces oposición denunciaba con denuedo el carácter abusivo y manipulador de estos albazos electorales que moldeaban la opinión pública para justificar imposiciones. Sorprende la ausencia del árbitro electoral para regular y sancionar estas manifestaciones proselitistas. Da la impresión de que no existieran leyes que deban aplicarse para garantizar un piso parejo a todos. A la guerra de encuestas le acompaña, desde hace meses, la propaganda abierta con espectaculares y reparto de dádivas en barrios, rancherías, pueblos y entre agrupaciones sociales. El órgano electoral padece de ceguera y mudez. La campaña por la gubernatura de Michoacán empezó desde hace meses al margen de la ley. Esto que puede ser anecdótico y justificable desde la dinámica salvaje del poder, por aquello de que el fin justifica los medios, sin embargo, puede traducirse en un conflicto de desavenencias electorales que podría enturbiar la legitimidad de los resultados de la elección del 6 de junio del 21 y meter a los michoacanos en un conflicto que nadie desea. Los protagonistas de la campaña anticipada debieran, con responsabilidad y prudencia, replantear la ruta y la estrategia para incidir en la percepción ciudadana. El apego a la legalidad es el único vínculo que garantiza la paz entre contendientes y electores. Pero del camino que está tomando la desesperada campaña por Michoacán, deben destacarse algunos elementos presentes, que con seguridad marcarán todo el proceso. Por ejemplo, la carencia de proyectos políticos específicos para Michoacán, que por su singularidad y diferenciación, queden expuestos a los ojos de los ciudadanos como alternativas claras para tomar una decisión. Los discursos que hasta ahora se conocen son redundantes apologías de los generalizadores discursos nacionales, como si la realidad estatal no fuera tan evidente como para constituirse en referencia de propuestas congruentes y concretas. Las cuestiones singulares de la salud, la economía, el campo, la transparencia, la educación, la cultura, los ingresos y gastos estatales, la seguridad, la justicia, las comunicaciones, la migración, el medio ambiente, el estado de la democracia, el desempleo, etc., no han sido alumbradas con reflexiones y propuestas. Preocupa este vacío brutal que puede llevar a una campaña centrada en la descalificación y el odio. Y podría decirse que aún no es la campaña formal para hacerlo, y tendría sentido la observación, pero ¿entonces cómo es que se pretenden ya ganadores de la gubernatura sin antes haber persuadido a los electores con sus propuestas? Para nuestra desgracia son los vicios antes que las virtudes de nuestros políticos los que terminan imponiéndose con mayor regularidad ocasionando costos que todos debemos pagar. Michoacán no se merece un horizonte así. La historia abunda en ejemplos que resultan repugnantes y que deberían tener una utilidad: ser el referente de lo que no debiera repetirse. Es decir, no debiera repetirse la omisión de la ley y la prevalencia del cinismo electorero; no debiera repetirse la manipulación de los electores haciéndoles creer que la decisión ya se anticipó; no debiera repetirse la demagogia fundada en el simplismo y el odio para buscar simpatías; no debiera repetirse la vaciedad de contenidos frente a la problemática estatal que justo necesita de claridad y capacidades; no debiera incentivarse la confrontación entre michoacanos porque la unidad es indispensable para el crecimiento de la entidad; no debiera repetirse la promoción de la mediocridad como virtud para gobernar. Michoacán necesita ideas, proyectos, alternativas y propuestas de políticos capaces y congruentes; necesita de espacios en los que se ejerzan los valores democráticos para reflexionar sobre Michoacán y criticar las maneras en cómo se ejerce el poder. La delirante ruta que hasta ahora está en marcha no promete ninguna de estas sustancias. Sólo es garantía de que los medios están justificados para el fin buscado: la gubernatura. Es el delirio por el poder a toda costa. Es la ausencia de la ética en el ejercicio de la política. ¡Lamentable! Sin embargo, los protagonistas tienen la palabra y la acción para modificar este escenario. De cómo asuman esta responsabilidad dependerá la calidad del proceso electoral, la calidad del gobierno que se elija y el destino sexenal de nuestro estado.

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Las alertas de violencia de género y las luchas feministas -Primera parte-

Para nadie es nuevo que los grandes avances en el tema del reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres han sido generados, impulsados, y acompañados desde la sociedad civil, desde las colectivas, desde el corazón de miles de mujeres en todo el mundo que juntas han caminado con objetivos específicos. Algunos de estos objetivos se han logrado ya, como el reconocimiento al voto, a la paridad, a la generación de legislación que reconozca la violencia contra las mujeres y la sancione, al reconocimiento y exigencia del derecho a la igualdad y a la no discriminación entre otros temas, pero también existe todavía una larga lista de derechos que se deben de garantizar para las mujeres. Estos avances han sido también acompañados por grandes movimientos internacionales que han reconocido a las violencias contra las mujeres como una violación grave y sistemática a los derechos humanos, y en este sentido, los instrumentos internacionales y regionales en la materia, han generado mandatos claros a los países a fin de que se construyan las herramientas necesarias para atender dicha realidad; uno de estos mecanismos es la Alerta de Violencia de Género. En México, es en el año 2007 que en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, se establece por primera vez el concepto de violencia contra las mujeres, así como sus tipos y modalidades y se incorpora la figura de “alerta de violencia de género”, como una figura clave para reconocer a nivel nacional que se tiene un problema grave de violencia contra las mujeres y que se tienen que activar todos los mecanismos necesarios para poder frenarla y eventualmente erradicarla, pero sobre todo y, ante todo, tiene como finalidad que se VISIBILICE, se NOMBRE y se RECONOZCA la situación de violencia que viven las mujeres en el país. Hoy a 13 años de que se incorporara en la norma este mecanismo, mucho hemos aprendido de los avances que ha logrado, de los vacíos que hay que cubrir respecto al tema, pero sobre todo de las oportunidades que existen para fortalecerlas. Para empezar, debemos saber que la Alerta de Violencia de Género es el reconocimiento de un estado de EMERGENCIA en el tema de la violencia contra las mujeres y es también un mandato claro en la ley, para que todos los niveles de gobierno y todas las dependencias, entiendan que la política pública, las leyes y la realidad, se debe de observar desde la perspectiva de género, desde la perspectiva de las víctimas, desde la perspectiva de derechos humanos, y tener claro que sin esta mirada no se podrá generar cambios estructurales que garanticen a las mujeres el cumplimiento irrestricto de sus derechos humanos. El objetivo de esta figura es claro, así como lo son los movimientos feministas que acompañan su demanda: Garantizar la seguridad de las mujeres, erradicar la violencia en su contra y por resultado eliminar las desigualdades producidas tanto por las normas como por la realidad que la acompaña. Deben de ser entonces las Alertas de violencia de género, estrategias claras con impacto medible, creadas atendiendo a la realidad de cada Estado de la República, las violencias que se viven en el mismo, así como las resistencias existentes para que esta realidad cambie, es decir, deben de transformarse en verdaderas tácticas personalizadas para cada estado de la República de despliegue horizontal, vertical y transversal con indicadores de evaluación y seguimiento de las acciones, de tal forma que garanticen un avance importante en la erradicación de las violencias. Las realidades de violencias, aunque similares no son iguales en los diferentes estados de la República, pero lo que es importante señalar, es que todas estas violencias atraviesan por tres grandes problemas, su invisibilización, su normalización y su impunidad, tres rubros que las Alerta de Violencia de Género deberán de tomar en cuenta en su rediseño. Es importante señalar que desde su creación los mecanismos de la Alerta de Violencia de Género han sido de importancia para poder nombrar con claridad algo que no se nombraba, la VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES, realidad que sin embargo aún con las alertas existe y sigue creciendo, es por eso que las voces de miles de mujeres en todo el país que reclaman con legitimidad el dolor que les produce el haber perdido a manos de la violencia a una mujer cercana o no cercana, es la fuerza que seguirá impulsando las grandes transformaciones en materia de derechos humanos de las mujeres, de ahí que es de vital importancia, escucharlas, acompañarlas y hacer suyas sus demandas a fin de que se sigan fortaleciendo los mecanismos necesarios para que esta realidad se transforme. El reconocimiento pleno de factores como la normalización de la violencia, de la urgente necesidad de acceso a la justicia, de la urgente reparación del daño a las víctimas y a sus hijas e hijos, el derecho a la verdad, a la garantía de no repetición son entre otras demandas de las colectivas feministas lo que da sentido ala creación de las alertas de genero así como a la exigencia de que este mecanismo se fortalezca, se transforme y se fortalezca con lo que hasta el día de hoy hemos aprendido de él, recociendo que la existencia de este y otros mecanismos son producto del grito de demanda de las mujeres que demandan y seguirán demandando una mejor vida para todas pero sobre todo una vida en libertad y alejada de las violencias.

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Inmediatez y crisis ambiental

Cuando en el mes de enero de este año se hacían las proyecciones devastadoras por el Covid-19 se adelantaba también que la sociedad planetaria entraría, por esta razón, a un proceso de toma de conciencia y que de esta tragedia se derivaría una suma civilizatoria. Ha sido tradición en el pensamiento moderno creer que de las tragedias humanas y naturales las sociedades siempre optan por caminar en línea ascendente para ser mejores. Esa percepción, sin embargo, ha dejado de lado un hecho significativo: que la historia está plagada mayormente de acontecimientos críticos cuya solución camina siempre en sentido contrario a las soluciones positivas esperadas. Hemos sido víctimas de esa candidez que se solaza con un optimismo que sólo existe en el mundo de los deseos. La crisis sanitaria mundial por el Covid-19 no ha propiciado, como se preveía, una evolución en la conciencia social. La respuesta que muchas sociedades y sus gobiernos han dado, no sólo adolecen de inmediatez, sino que van más allá, han reaccionado desde la ineptitud, la credulidad y hasta el negacionismo. Las sociedades se parecen mucho a sus gobiernos, después de todo, esos son los líderes que han elegido y como tal comparten las mismas limitantes que hacen imposible la construcción de una conciencia superior, como se anticipaba en enero pasado. Esta misma visión prevalece frente a la crisis ambiental que avanza destruyendo los ecosistemas del planeta y cuyos efectos no sólo están tocando las puertas de los hogares del mundo sino que ya están adentro en sus comedores, en sus habitaciones y en la estabilidad de su salud. Por el sólo hecho de que presenciemos y suframos la devastación de los ingobernables incendios de California y Australia, la documentada pérdida de glaciares, el abatimiento de las selvas amazónicas, el incremento anual de las temperaturas, la escases de agua y los conflictos sociales para acceder a ella, o la pérdida en Michoacán de más de la mitad de sus bosques en un poco más de 25 años, no por ello, en automático está constituyéndose una nueva y esperanzadora conciencia social. La inmediatez, como condición actual de la conciencia moderna, que se regocija con los pasos diarios de una existencia regida por el placer del consumo, sin advertir el rumbo catastrófico que está tomando, no podrá recapacitar a tiempo, como ya es necesario, sobre los cambios que deben adoptarse en el estilo de vida de las sociedades, en el contenido de las leyes, en los presupuestos públicos, en los valores que deben fomentarse desde las escuelas y los hogares, y sobre todo en los compromisos de los gobiernos del mundo. El Covid-19 y el cambio climático son evidentemente tangibles, incuestionables como hechos que están ahí para abrumarnos y abatirnos, pero estamos cometiendo el error de creer que hay una solución técnica, que externa a nuestro modo de ser y vivir, aparecerá para solucionar el fondo de la problemática. No alcanzamos a comprender que hemos llegado a un punto en que los valores que por siglos han sustentado a nuestra civilización ya son insostenibles. El antropocentrismo es una dulce trampa que nuestra civilización ha creado y de la cual nos rehusamos a salir. Somos la única especie que celebra con su estilo de vivir el advenimiento de su muerte. La manera en cómo la economía ha mirado a la naturaleza: proveedora antes que como un conjunto de ecosistemas esenciales para la existencia humana, ha hecho posible la destrucción del planeta, y todo ello justificado con nuestra concepción del progreso, permitido en las normas de derecho que las naciones se han dado. Ante el Covid-19 y el cambio climático los estados y las sociedades han respondido desde la inmediatez estéril. Asustadas ante las pérdidas materiales, antes que humanas, están optando por regresar a los valores de siempre. Nada les dice el hecho de que el Covid-19 proviene de una zoonosis resultado del tipo de relación establecida con la naturaleza; nada les dice que los incendios de California son efectos precisos del calentamiento global, producido por los gases de efecto invernadero emitidos por la maquinaria de nuestra economía, la tala de bosques y selvas y el uso de combustibles fósiles. Ni los gobiernos del mundo ni las sociedades hemos avanzado hacia una conciencia superior; no por el hecho de sufrir estas crisis emergerá una nueva conciencia. Hace falta la crítica de los valores que soportan las creencias que nos han llevado hasta aquí; hace falta la crítica a los gobiernos que teniendo la responsabilidad de anticiparse a la catástrofe han preferido cerrar los ojos y beneficiarse políticamente con los financiamientos que les ofrecen los poderes fácticos que hacen fortuna a costa de la naturaleza. La imprescindible crítica al poder, del signo que fuere, es condición fundamental para que esa nueva conciencia se constituya y para tomar una ruta en verdad nueva. Han encontrado en la cortina inercial que fomenta la inmediatez el lugar perfecto para ocultar sus omisiones y permitir que la crisis ambiental continúe su escalada y la pandemia avance por todos los caminos del mundo. Han optado por esperar la solución técnica -respuesta clásica de una modernidad agotada- para no sacrificar los modos tradicionales de vida.

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Los retos claros frente a la paridad

La participación activa de las mujeres en los espacios de decisión y poder, ha avanzado lento en México, al amparo de la incorporación en la normativa del binomio de igualdad y no discriminación, en su connotación dual como principios y derechos, ambos orígenes y base del principio de paridad, sin embargo, los números son reveladores y denotan los cambios estructurales que debemos impulsar para que esa paridad sea una realidad. Las mujeres representamos en la lista nominal el 51.81% y los hombres el 48.9%, (INE, 2020) , sin embargo, en cuanto a la participación del proceso electoral 2017-2018 el INE confirmó que las mujeres votaron más que los hombres, 66.2% contra 58.1%, como se observa, una diferencia de ocho puntos porcentuales (INE; 2019) , dato importante, cuando del derecho a votar y ser votadas hablamos, pues la representación en referencia a la participación activa como votantes de las mujeres, dista mucho de estos porcentajes, es decir votamos pero no estamos. Sin embargo, hay realidades estructurales que serán parte de esas barreras que limitan la participación activa de las mujeres en todos los espacios y aspectos, y sin lugar a dudas serán los grandes retos y pendientes a vencer, entre ellos encontramos los siguientes, la desigualdad socioeconómica, la división sexual del trabajo y los arraigados patrones culturales, el reconocimiento pleno de la ciudadanía de las mujeres, la eliminación de la cultura de la normalización de la violencia contra las mujeres, la organización social del cuidado, y la concentración del poder en los hombres, son algunas de las realidades lacerantes que se erigen como las grandes batallas a nombrar y revertir para lograr la participación plena de las mujeres en condiciones de igualdad en la vida política y pública del país, identificarlas nos llevará realmente a analizar el camino que las mujeres tienen y tendrán que enfrentar para hacer el principio de paridad una realidad, ante un escenario a todas luces desigual y que debe de dejar ya de ser invisible. Todos estos retos nos obligan como sociedad a transformarnos, a generar el andamiaje institucional y social para que las mujeres nos posicionemos como actoras sociales y políticas en todos los ámbitos de la sociedad, los costos personales, sociales y familiares que las mujeres pagamos por estar en espacios públicos o de poder, no pueden ser el lastre que limite nuestra participación. Es necesario entonces, reconocer que los movimientos feministas han sido la luz y fuerza para que esta realidad se transforme, y que todas estas demandas no se gestaron desde un escritorio, se sufrieron, vivieron, idearon, acompañaron y exigieron desde la sociedad civil y en las calles, y mientras estas realidades no cambien, las mujeres seguiremos levantando la voz para que nos escuchen, en la calle y en los espacios públicos y políticos, mientras no se reconozca que somos más de la mitad de la población y que tenemos pleno derecho a decidir nuestro futuro, quedará un largo camino para lograr la igualdad sustantiva y la paridad en este país. Tenemos sin lugar a duda frente a nosotras, la posibilidad de definir la agenda política y pública del país desde la perspectiva de género, desde los derechos humanos, desde el feminismo, desde la interseccionalidad, desde la diferencia, desde las diferentes formas de ser mujer.

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Realidad y espectáculo

En esto el talento es reconocible, el presidente ha sabido comprender la condición contemporánea del ejercicio del poder: el espectáculo mediático como distractor de las masas para enmascarar la realidad. El uso magistral de este recurso lo envidiaría cualquiera de los personajes que han figurado en los sexenios precedentes, y vaya que muchos fueron destacados ejecutantes y reconocidos manipuladores, con montajes ideológicos y coloridos muy aplaudidos. La eficacia con la que ha logrado que las multitudes sigan los señuelos, que de ordinario lanza desde el foco del poder ejecutivo, las mañaneras, es de un éxito sorprendente. Y no importa que los señuelos sean verdadero bodrios, ajenos a la racionalidad, a la ética y a la elemental prudencia cívica, sus llamados son atendidos, son creídos públicamente. Él reconoce que su ventaja, soportada en la credulidad que ha florecido por un hartazgo histórico aún indeclinable, lo puede llevar a refrendar la ventaja electoral para los comicios del 21. De eso se trata. El presidente no ha dejado de hacer campaña, ni dejará de hacerla, el gobierno es lo de menos. No ha pretendido ser el presidente de todos los mexicanos, es sólo el líder político de una parte y está visto que no cambiará de parecer. Como antes del 18 ha identificado que las mayorías siguen moviéndose en el campo de las emociones, que el coraje, el repudio, el resentimiento y el sentido de venganza no se han agotado y no dejara que se diluyan. Conocedor de las fibras íntimas del "pueblo" se ha empeñado en evitar que ese estado de ánimo decaiga, cada mañana se esfuerza en alimentar el odio, el simplismo maniqueo, los impulsos vengativos y el sentido primitivo de justicia directa. Tener un enemigo a la vista es redituable para la propaganda y con seguridad los creará cada vez que los necesite. Estos juegos del poder le divierten, su rostro lo refleja, y los sabe jugar con destreza, aunque sean los mismos que usaron los que tanto cuestiona. Mantener en permanente tensión a su base electoral es un objetivo vital para su proyecto de poder. A ese objetivo se subordinan todos los ámbitos de su gobierno, es más, su gobierno no puede ser comprendido sin considerar esta cualidad. En su ruta el Estado de Derecho es un obstáculo, como se ha demostrado con los casos que ha pretendido judicializar; en su ruta las instituciones son un estorbo, como se constata con la destrucción recurrente de las mismas; en su ruta la planeación racional no existe, solo prevalece el criterio personal dictado desde al atril de las conferencias matutinas; en su ruta los resultados de gobierno no importan, importan, eso sí, y mucho, sus datos alternos, porque de lo que se trata, y lo tiene bien probado, es que la gente crea que la realidad es Él, y que la realidad ajena no puede ser más que creación de conjurados y enemigos de la patria. Él es la verdad absoluta, más allá de eso están los enemigos. Ese es el axioma. Ha llevado el espectáculo de la política circense a niveles nunca antes vistos. Haudini palidecería ante sus actos insólitos de escapismo; cualquier mago envidiaría la habilidad natural de hacer brotar conejos y palomas de su chistera; Copperfield envidiaría la técnica para hacer desaparecer estructuras físicas; cualquier gran ilusionista admiraría la destreza para guillotinar cabezas y luego presentarlas pegadas a sus cuerpos sin ningún rasguño, pero en todos los casos con el beneplácito del respetable. Como el magistral propagandista que es sabe que en nuestro cerebro los impulsos instintivos ocupan el 55 %, las emociones el 30 % y la racionalidad apenas el 15%, y a ello se atiene para su construcción propagandística. La consigna de la transformación, según las maneras presidenciales, es un camino incierto, de victimización permanente, de enemigos embozados de adentro y afuera, que para conseguirla se requiere de un liderazgo aderezado de cualidades religiosas, morales y trascendentes, encarnadas en Uno. Su camino lo presenta como la vía dolorosa que redime, que lleva al martirio en obediencia a la palabra. Por eso no importa tanto su realización en el presente, por eso se necesita coraje, mucho coraje para ir siempre contra el enemigo, para seguir votando por el lado "correcto" y "verdadero" de la historia, con impulso instintivo. De ahí la importancia de estar en tensión permanente, de ser coparticipes de una visión histórico teleológica de México: la felicidad, el bienestar, la honestidad, aunque de eso casi nada esté disponible. Mientras en la cabeza del "pueblo" existan enemigos y extraños complotistas a los cuales odiar y a los cuales temer, y contra los cuales se deba pedir la guillotina, el espectáculo tendrá asegurado el éxito. Las redes y los actuales medios son la versión moderna de la arena romana o de la asamblea pública de la era del terror de la Revolución Francesa, que lo mismo cercena la cabeza de los monarcas que la del revolucionario Danton y hasta de Robespierre el jefe radical. No importa que haya desempleo apabullante, decenas de miles de muertes por la pandemia, miles de desaparecidos, decenas de miles de asesinados, corrupción en el grupo gobernante, feminicidios a la alza, falta de medicamento para niños con cáncer, desconfianza para invertir, una economía semidestruida, abrumadora asignación directa de contratos, un gabinete marginal, el entusiasmo por el espectáculo prevalecerá, aunque la realidad sea adversa. Gran problema enfrentará el presidente cuando la realidad descarnada le alcance y ella se imponga en la reflexión pública, como acto de crítica cívica y soberana, como tiene que ocurrir en toda república democrática, cuando el odio y el miedo se desvanezcan frente a un México urgido de solidaridad y colaboración para resolver la tragedia común, es decir, cuando la credibilidad, castigada a fuerza de reveces, se desvanezca y quede desnudo de racionalidad y hechos eficientes de gobierno. Ese sería su más desfavorable escenario, por esa razón es que el espectáculo continuará creciendo con nuevos y estruendosos protagonistas, más intenso, con más guillotinas y hogueras, con más emociones, pero ajeno a la racionalidad y alejado de los valores democráticos.

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