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¿Libertad para morir o para vivir?

Si cada ser humano actuara determinado para lograr el bien propio y el bien público, apegado siempre a una ética en donde la verdad y la justicia fueran los valores practicables, estaríamos entonces en el paraíso y el gobierno y las leyes no tendrían mayor justificación. Lo cierto es que los seres humanos no siempre se empeñan en el bien público y más bien se aferran al bien propio, aunque perseguir este les resulte contraproducente. Lo anterior viene a cuento por la conducta social asumida frente a la Covid-19 y la confusa, errática y contradictoria actuación del gobierno de la república. La estrategia gubernamental anti covid-19 quedó determinada hace tiempo por un principio con el que la mayoría de los ciudadanos se sintieron muy a gusto, a saber, que no habría imposiciones, que se respetaría la libertad porque la gente sabe cómo cuidarse, que la gente es buena. Los resultados que esta filosofía de la salud ha propiciado, sin embargo, no son halagadores. El crecimiento de los números oficiales de contagiados y fallecidos son escalofriantes y la tendencia parece que no aflojará en las próximas semanas. La gente, el pueblo, no optó ni por el bien propio ni por el bien común. O más bien, en su escala de valores la salud fue colocada al final de sus prioridades, después de la movilidad y la recreación. El mensaje gubernamental fue atendido a plenitud, la gente asumió su libertad y se regocijó por el reconocimiento oficial a su libre albedrio volcándose a las calles, a las plazas, a los centros comerciales y a las fiestas. El gobierno ha dejado a las buenas intenciones del pueblo el control de la pandemia, le ha apostado a la expresión metafísica de que "el pueblo es sabio". Pero esa decisión nos está acarreando un alto costo, y es que más allá de las frases populares siempre estarán las obligaciones constitucionales juradas como condición para ejercer el gobierno. El abandono de acciones claras y firmes para prevenir los contagios y salvar vidas le llevará a enfrentar de inmediato y por mucho tiempo reclamos de orden político y legal. Sin embargo, es un escenario que parece no alcanzan a ver. El afán populista suele acarrear consecuencias indeseadas. Desde el gobierno de la república se le dijo a la población lo que parte de esta quería escuchar: permiso, bajo responsabilidad propia, para abandonar las restricciones y enfrentar a su modo y desde su credulidad la pandemia. Es lógico suponer que frente al reclamo de la tragedia en proceso el primer argumento gubernamental, será, como ya lo está siendo, que la responsabilidad es de quienes tomaron la libertad como libertinaje. La propaganda para justificarlo ya está circulando en las redes sociales, la culpa es de los que enferman no de las instituciones constitucionalmente responsables de la salud de los ciudadanos. Esta filosofía populista de la salud acarreará consecuencias indeseables que ya vivimos, la pesadilla del cierre. Si el gobierno, como ya lo tenía experimentado por los cierres de mediados de año, hubiera sido contundente en el uso de cubrebocas, el distanciamiento social, el seguimiento de contagiados, la aplicación masiva de pruebas y las restricciones de movilidad ─todas ellas recomendaciones de la OMS─ ahora tendría holgura para atenuar el cierre de negocios y otra probable recaída de la economía. El crecimiento de la pandemia ha rebasado la visión desde la cual se creó la estrategia de semáforos. En un par de días fue demolida por los mismos que la propusieron como opción gráfica y didáctica para que la población identificara los niveles de riesgo. Tal vez creyeron que la enfermedad iría mermando y que sería excelente propaganda ir paulatinamente cambiando de rojo hasta verde demostrando el éxito alcanzado. La pandemia, sin embargo, ha tomado una ruta diferente, en correspondencia con las omisiones gubernamentales y la falta de claridad y congruencia de los líderes del gobierno. Es una quimera creer que la gente siempre privilegia el interés público y el propio. Si ese fuera el caso México no necesitaría del gobierno ni de las leyes y de sus instituciones, el bien, la verdad y la justicia, se desplegarían homogéneamente como si fueran innatas a los individuos, estableciendo de manera natural un equilibrio social y político. La realidad es otra, muy humana, faliblemente humana, y se levanta frente a nuestros ojos dispuesta a arrollarnos. Como el gobierno fue electo para gobernar debe entonces gobernar y hacer valer el bien común y el individual y lo debe hacer en apego a las leyes que nos hemos dado. Frente a la pandemia debe actuar con firmeza privilegiando la vida. Necesitamos la libertad para vivir no para morir. Toda libertad tiene acotamientos, uno fundamental es el Estado.

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El retroceso

El anunció de D. Trump en 2016 de que Estados Unidos se retiraba de los Acuerdos de París significó un duro golpe a los esfuerzos internacionales para frenar el calentamiento global ocasionado por la actividad económica de nuestra civilización. En contraparte la decisión apuntaló la agenda de las industrias soportadas en el uso de energías fósiles que vieron en la medida la oportunidad de continuar haciendo negocios a costa de la frágil estabilidad ambiental del planeta sin asumir costos. La doctrina Trump sobre el medio ambiente y en particular sobre el cambio climático indica que el fenómeno como tal es inexistente ─es un mito─ que lo que se está observando es un proceso natural de calentamiento del planeta que de manera cíclica enfrenta desde hace millones de años. Pero además, asegura que atrás de esta perspectiva está China que busca dañar la economía estadounidense. Que una nación de las dimensiones económicas y políticas de Estados Unidos, con un liderazgo mundial en distintas materias, se retirara para encapsularse con la justificación de proteger su economía nacional, provocó el relajamiento en la aplicación de acuerdos internacionales en pro del medio ambiente y alentó la generación de discursos locales regresivos, que usando los mismos referentes que el gobierno estadounidense paralizaron esfuerzos que debían continuar. La influencia regresiva prendió en países del hemisferio que son de gran importancia tanto por el peso de sus economías como por su biodiversidad. En el Brasil de Bolsonaro, por ejemplo, se desmanteló la estructura jurídica que venía conteniendo la destrucción de la Amazonía y se alentó y hasta aplaudió el ingreso de empresas mineras que han devastado parte de las riquezas naturales del país. En el México de Obrador las normas ambientales han sido vistas como obstáculo para el desarrollo de la minería de carbón, la extracción del petróleo y la expansión de los cultivos genéticamente modificados. En dos años México ha abandonado con sigilo los ya de por sí elementales compromisos con el medio ambiente que se habían construido en el pasado. La popularidad presidencial se ha impuesto como entidad justificante que descalifica las razones de las voces críticas que señalan públicamente el problema, en lugar de que sirviera para apoyar la conciencia ambientalista. En contraste, su gobierno en los hechos, ha desmantelado la infraestructura física y humana que tenía responsabilidades con la protección ambiental. Programas como Sembrando Vida operado por la Secretaría de Bienestar, están muy lejos de representar una política ambientalista puesto que está diseñado con fines asistencialistas y clientelares y no se inscribe en una política integral que se proponga la conservación de bosques y selvas y garantice el derecho humano de todos a un medio ambiente sano. En algunas regiones del país dicho programa está siendo el pretexto para el cambio de uso de suelo. La transición a las energías verdes, que se deriva de los acuerdos de París, está muerta y con recurrencia es estigmatizada desde la presidencia de la república, siguiendo el mismo guión de la doctrina trumpista. La apuesta a las energías fósiles es la apuesta crucial que está haciendo la presente administración a pesar de las observaciones críticas que advierten su inviabilidad económica y los efectos dañinos al medio ambiente que se buscaba combatir. El inmediatismo político que suele dominar a los gobiernos desde luego no alcanza para prever los riesgos locales y globales derivados de la arrasadora intervención económica del ser humano. Temerosos de encarar a los capitales predadores del medio ambiente optan por el silencio cómplice o bien establecen alianzas con ellos para asegurar su estancia en el poder. Esta es la razón por la cual la doctrina Trump ha sido tan bien recibida en diversas naciones del hemisferio por las élites gobernantes. En todos los casos, como en México, la construcción de instituciones ambientales y normas jurídicas, no se pueden explicar sin una intensa participación ciudadana. Pueblos originarios, ejidatarios, pequeños propietarios, pobladores, académicos, han sido protagonistas a través de varias décadas de eventos que han permeado la agenda de los gobiernos. La cuestión ambiental no ha sido una concesión graciosa de los gobiernos del pasado, más bien han tenido que abrirse a dicha agenda por las presiones sociales locales y por las presiones internacionales. Que en los tiempos que corren la agenda ambiental en México esté en abierto retroceso no sólo es un agravio para la historia del ambientalismo en el país, es un acto de irresponsabilidad con el futuro de la nación y del planeta. La prevención es un término que muy poco estiman los políticos. Y es que prever supone invertir en algo que aún no sucede, ellos invierten en lo que pueden capitalizar en la elección inmediata. El calentamiento global les parece distante y poco redituable en términos electorales, hasta ahora. Claro, no quieren asumir que estamos en los límites de una crisis civilizatoria que involucra el acceso al agua, la pérdida de bosques y selvas, o la pérdida de biodiversidad y el riesgo alimentario. Muchos creen que la tecnología, llegado el momento será nuestra solución, lo cual es un error. El retroceso es una pésima noticia para todos. Estamos ante un ejemplo de cómo la historia no siempre significa progreso. En México esta regresión nos manda hasta principios del presente siglo. El daño a la naturaleza, nuestro ecosistema, que se ocasiona por esta omisión significará recursos económicos extraordinarios que tendrán que pagar las generaciones presentes y futuras.

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La fortaleza del populismo, aún

Se comete un error si se cree que la derrota electoral de D. Trump es, sin más, la derrota del populismo. En todo caso es el traspié de uno de los personajes políticos más icónicos de la oleada populista que viven varias naciones del mundo. No debiera olvidarse que los populismos emergieron bajo condiciones políticas singulares. Que el descredito de los regímenes democráticos, bastante bien medido a través de estudios de opinión pública, estaba ahí desde mediados de la década de los 90’s del siglo pasado. Que la confianza de los ciudadanos en la democracia se fue deteriorando paulatinamente sin que los sistemas de partidos de los países afectados, hicieran poco o nada para reposicionar el discurso de la institucionalidad democrática. Existe una responsabilidad directa, que no puede omitirse, de parte de las élites políticas y sus partidos en todo el mundo, quienes a pesar de estar advertidos del hartazgo ciudadano, menospreciaron las posibilidades políticas de los populistas y la magnitud de la inconformidad y no corrigieron el rumbo: valores y prácticas. Se habían ensoberbecido tanto que juzgaron como secundario el riesgo de que personajes con discursos de odio, atrabiliarios, ególatras y tiránicos fueran votados mayoritariamente para hacerse cargo, a su modo, de la conducción de naciones. Al menos hubo una advertencia de esa inconformidad, que le reventó en la cara a las democracias de naciones muy destacadas, en junio de 2016 cuando los ciudadanos del Reino Unido y Gibraltar votaron mayoritariamente en el Referéndum para abandonar la Unión Europea. El referéndum resumía un nuevo estado de ánimo que contenía parte de las creencias que fueron tomadas como credo por los liderazgos populistas que venían abriéndose camino para conquistar el poder. No obstante la convulsión política global del Brexit los regímenes democráticos no tuvieron el tino autocrítico para reconocer que la confianza en la democracia estaba desgarrada y que era urgente corregir las causas de la distancia entre ciudadanos y políticos gobernantes para lograr una democracia de resultados tangibles ante la percepción de los electores. Por eso la derrota electoral de D. Trump puede tratarse de una simple circunstancia secundaria en el avance de la ola populista mundial. Y es que el problema no es Trump. Políticos como él abundan en el mundo. El problema de fondo son las condiciones que han permitido que personajes del talante de Trump, Jair Bolsonaro, Erdogan, Obrador, Giuseppe Conte, Boris Johnson, se hagan del poder con el respaldo mayoritario de los ciudadanos. Las democracias modernas necesitan replantearse. Esa es la cuestión. Es un esfuerzo que deben hacer con urgencia los sistemas democráticos de todo el mundo, de tal manera que vuelva a recuperarse la confianza en ellas. Si no ocurre este esfuerzo los populismos van a seguir barriendo las instituciones hasta ahora construidas para generar sistemas tiranizados, alimentados por el odio, el fanatismo, la credulidad, la intolerancia y el maniqueísmo obtuso, con resultados nada alentadores para la convivencia local y mundial. Mientras las maneras en cómo se práctica eso que llamamos democracia y los resultados que los gobiernos electos por este medio logran realizar sigan siendo cuestionados y la corrupción y la ineficacia de los gobiernos sean los distintivos, seguirán nutriéndose las opciones populistas. La victoria que los ciudadanos estadounidenses le otorgaron a Joe Baiden, por ser tan cerrada en término de votos populares, debe pensarse como una oportunidad para que el relato de la democracia, como la mejor forma de gobierno, demuestre con resultados que sigue viva y que vale la pena votarla para fortalecer su institucionalidad. La importancia de Estados Unidos en todo el mundo hará sentir su influencia en la recuperación de la narrativa democrática frente a la narrativa populista y podría con el triunfo de Biden, representar un aliento para el cuestionamiento exitoso de los populismos. Pero si la falta de resultados y el escándalo siguen caracterizando a los gobiernos que se asumen democráticos la tendencia populista seguirá aún. Y a ello le apuestan este tipo de líderes.

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La espera del respiro populista

Hace años que los populismos llegaron -como sólo ellos pueden llegar- con grandilocuencia y celebraciones multitudinarias, en nombre de la verdad y del pueblo. Ofrecieron el cielo en la tierra con una visión simplista del mundo: los buenos contra los malos, el pueblo contra el no pueblo. Se colaron exitosamente a través de una fisura en las democracias contemporáneas horadada, eso sí, a pulso por gobernantes que no pudieron o no quisieron traducir la democracia en bienes sociales tangibles para los gobernados. El desencanto, la decepción y el hartazgo fueron los veloces corceles que montaron los populistas para ganar con las reglas de la democracia aunque luego procedieran a desmontarla. Karl Popper diría: "se los advertí", esa es la paradoja de la democracia, es tan noble que puede permitir que los tiranos puedan ser electos con sus reglas para después arruinarla. Los populismos arribaron a muchos gobiernos en la mayoría de los continentes como si se tratara de una oleada sincrónica en el tiempo. Llegaron justo cuando las democracias liberales estaban en el punto más bajo de la curva de su prestigio mundial, en el momento en que se acumulaban en las mesas de los gabinetes gubernamentales tanto los reclamos por el fallo en los relatos de prosperidad y progreso como la basura obscena de reiterados actos deshonestos. Llegaron como el falso mesías anunciando la redención, la justicia final, la grandeza nacional, la pureza de la moralidad y el éxtasis de la verdad alcanzada. Y muchos electores los han seguido entusiasmados, dispuestos incluso a claudicar a las pequeñas libertades de la democracia, pues frente a la verdad absoluta esas libertades les parecen relativas. Y aunque no fue el primero en llegar, el populismo estadounidense alentó la tendencia mundial y el poder de los ya establecidos gracias al poder e influencia de su economía. No era para menos. Tener como referente al gobierno de la economía más poderosa del planeta no es cualquier cosa. La victoria de Trump en el 2016 fue la cima política de la oleada populista. ¿Qué mejor foro global que la mismísima Casa Blanca? Pero a estas alturas los populismos necesitan oxigeno. Su relato maniqueo traducido en programa de gobierno ha demostrado limitaciones fatales: han debilitado la gobernabilidad acicateando peligrosamente la confrontación y el odio; han profundizado las distancias económicas a pesar del discurso; han mermado las instituciones por la ineficacia construida desde el simplismo, la calumnia y la mentira recurrente; han pisoteado como rutina las pequeñas libertades de la democracia como la libertad de prensa y los derechos humanos; y no han tenido escrúpulo en hacer gala de opacidad, tampoco en atacar la división y autonomía de poderes para imponer vasallaje y subordinación, o en anular la separación de la iglesia y el Estado. Todo en nombre de la verdad absoluta, la verdad del pueblo. Ahora los ojos de los populistas están puestos en las elecciones de Estados Unidos. Saben que del rumbo que estas tomen dependerá en gran medida su destino. El oxigeno que muchas de ellas necesitan es vital de cara al desgaste que han acumulado en años o décadas de gobierno y de malos resultados. El triunfo de Trump será su propia victoria, lo entenderán como el refrendo que del populismo hace una sociedad poderosa. Si ocurriera lo contrario, en lo sucesivo les faltaría ese oxigeno y su debilitamiento podría acelerarse por la vía de derrotas electorales propias o por la descomposición del autoritarismo al que suelen ser adictos. Desde la India con Narendra Modi, pasando por Turquía con Recep Tayyip Erdogan, hasta el Brasil de Jair Bolsonaro y el México de López Obrador, el populismo espera con ansiedad la suerte del más caro e insigne de sus representantes. Los populismos, como gobierno, comienzan a padecer de hipoxia, y ya están dando muestras de desgaste y descrédito, por eso el triunfo de Trump les aportaría el respiro que necesitan. Que aunque no compartan sus creencias y hábitos políticos a través de un movimiento internacional organizado, se saben hermanados por las circunstancias económicas, políticas y sociales de las cuales emergieron: la crisis de la democracia liberal. Por su parte los demócratas liberales, en el caso de la victoria de Joe Biden, tendrán que reconocer seriamente a nivel global las razones de su crisis y replantearse nuevas rutas si es que desean cerrar las grietas por las cuales se colaron con tanto furor los populistas. El populismo, este ambiguo coctel de prácticas y creencias, que resulta una de las amenazas más serías para la democracia, estará siempre al acecho a través políticos que saben vender la simplificación redentora como opción política. La recomposición de las democracias liberales, sin embargo, no será cosa fácil si no hay cambios sustanciales en la cultura y en la práctica política. Una debilidad que, habrá que decirlo, también forma parte del bagaje de los populistas.

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¡Viva el carbón! la energía verde es un sofisma.

A muchos ha sorprendido la frase ácida y muy dura del presidente de que las energías limpias son un sofisma. La frase fue lanzada en medio de una de sus acostumbradas catilinarias contra quienes juzga sus enemigos: neoliberales y conservadores. Fue en Coahuila en el marco de su visita de supervisión de la panta generadora "José López Portillo". Sorprende, porque hasta ahora se tenía la percepción de que más allá de los enredos ambientalistas en los que se ha metido y de los cuales ha salido mal parado, sobrevivía en él el principio de la defensa del medio ambiente. Pero no es así, el presidente en materia energética está comprometido, al igual que el mandatario estadounidense D. Trump, con una agenda que privilegia las energías fósiles, carbón, petróleo y los proyectos destructores de la naturaleza. "Lo que se necesita es comprar más carbón para apoyar a los productores", sentenció el presidente. Tal vez pensó en la solicitud que el senador morenista Armando Guadiana Tijerina le hiciera en julio pasado y a quien se le concediera, junto con otros mineros, proveer a la CFE 2 millones de toneladas de carbón, para empezar. La ruta que sigue nuestro presidente es la misma que impuso su homólogo estadounidense. A mediados del 2019 Trump modificó la legislación correspondiente para dar marcha atrás en el propósito de disminuir la huella de carbono en el uso de energías. Y lo mismo argumentó: que al hacerlo garantizaba el apoyo a los trabajadores y propietarios de minas de carbón, y que el cambio climático era una trampa de los chinos, o sea, un sofisma. La reducción de la huella de carbono, objetivo en el que han coincido la mayor parte de las naciones del mundo y de manera principal las grandes potencias económicas que son más contaminantes, no es un asunto que merezca el calificativo de sofisma. Hay suficientes estudios científicos que prueban los efectos de la huella de carbono en la formación de los gases de efecto invernadero y en el calentamiento global que está determinando el cambio climático. También sus efectos han sido documentados con mediciones desde diversas perspectivas científicas, pero que además están a la vista de cualquiera que quiera escudriñar el estado actual del planeta. México es una de las naciones que suscribió los Acuerdos de Paris en diciembre de 2015 al lado de 195 países más. Uno de los compromisos cardinales signados en tales Acuerdos es el de limitar el calentamiento global en 2 grados centígrados con respecto a la era preindustrial, es decir, antes de que se usará de manera intensiva el carbón como fuente de energía. Se debe entender entonces que de facto el gobierno de la república ha decidido, al igual que el estadounidense, romper con los Acuerdos de Paris para privilegiar el uso de carbón y seguir incrementando la huella contaminante. Aquél lo hace justificándose en el invento de que el cambio climático es una patraña de los chinos, el otro en que son un sofisma las energías verdes, que han sido la vía para privatizar la producción de energía eléctrica. Ambos obsesionados en un nacionalismo aislacionista, creen que los países pueden existir encapsulados y que el cambio climático es un asunto de los otros, que sus consecuencias no nos afectarán porque, tal vez como lo dice Trump, "en América tenemos el aire más limpio del mundo y ha mejorado desde que soy presidente”. Tal vez algo semejante opine nuestro presidente y es que sus arranques y discursos son bastante parecidos. ¿De dónde entonces la descalificadora frase de que las energías limpias son un sofisma? Es lamentable -sin embargo debe asumirse así- no hay en el presidente una convicción ambientalista que lo impulse a trazar políticas públicas comprometidas con la naturaleza, la sustentabilidad y el derecho de todos a un medio ambiente sano, como lo establece el artículo cuarto de nuestra Constitución. El trato que le ha dado a las instituciones relacionadas con el medio ambiente y en particular a la Semarnat o la ríspida relación con su anterior titular el Dr. Víctor Toledo, forman un conjunto que se sintetiza simbólicamente en la frase "las energías limpias son un sofisma". Ahí es donde se encuentra la convicción ambiental del presidente. ¿Qué más se puede decir?

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Obscuridad de su casa, candil de la calle, el dicho al revés que inspira a la iniciativa 3 de 3 contra la violencia de género.

Fue en el año 2018 cuando las Constituyentes de la Ciudad de México, colectiva que propone incidir de manera efectiva en el proceso de armonización del marco jurídico con perspectiva de género, presentaran la propuesta Legislativa denominada 3 de 3 contra la violencia de género. Iniciativa que fue arropada por distintas mujeres legisladoras de distintas expresiones políticas, hoy esa propuesta recobra mas fuerza, al pretender que sean parte de los lineamientos electorales para la jornada de este 2021. Esta iniciativa ve la luz en un momento histórico y oportuno, para garantizar que la función pública y política se ejerza desde una real perspectiva de género. A decir de una de sus proponentes Yndira Sandoval, lo que se pretende es que no haya ningún agresor, ningún acosador, ningún deudor de pensión alimenticia en los espacios de elección, de designaciones, de estructura ni en las convocatorias de espacios de tomas de decisiones”. Avances en el camino para la participación política en condiciones de paridad y libre de violencia han sido logrados, muchos años tuvieron que pasar para que las mujeres pudieran por fin, contender en el año 2021 bajo los principios de paridad y con la certeza de la existencia de la sanción al delito de violencia política. La iniciativa 3 de 3 contra la violencia de género sin lugar a duda complementa esos esfuerzos legislativos. Tanto la paridad como la sanción a la violencia política se circunscriben en el ámbito público y político, pero a diferencia de estas realidades la propuesta 3 de 3 tiene la intensión de visibilizar otras tres realidades que se viven en el ámbito privado, y que en muchas ocasiones son cometidas por hombres que ocupan el espacio público y político. La innegable existencia de la violencia ejercida contra las mujeres, la ausencia de compromiso de algunos hombres en las responsabilidades respecto a la obligación de brindar alimentos y por último la lamentable realidad de acoso sexual que se vive por miles de mujeres en sus hogares y en sus espacios laborales son la génesis de esta importante propuesta. Solo basta hacer una revisión de la realidad en estas violencias, a nivel mundial la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la violencia contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual- constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres, señalando que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida, mientras casi un tercio (30%) de las mujeres que han tenido una relación de pareja refieren haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida. Por su parte la encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016 , señala que de las mujeres de 15 años y más 66.1% han sufrido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación a lo largo de su vida en al menos un ámbito y ejercida por cualquier agresor, el 49.0% violencia emocional, 41.3% violencia sexual, 34.0% violencia física, 29.0% violencia económica o patrimonial o discriminación en el trabajo. Ahora bien, respecto a la obligación alimentaria por parte de los padres respecto a sus hijas e hijos, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), señala que en México tres de cada cuatro hijos de padres separados no reciben pensión alimenticia, así como que el 67.5% de las madres solteras no reciben pensión alimenticia como consecuencia de una serie de falsedades que los deudores alimentarios (en la mayoría de los casos hombres) que implementan para evadir su responsabilidad. Todas estas realidades son cuestionadas en la propuesta de 3 de 3 donde se señala que a fin de garantizar que el ejercicio de la función publica se realice con una conciencia de genero real y atendiendo a las obligaciones que se esperan para todos los funcionarios públicos, se pretende limitar el acceso a dicho ejercicio de la función pública a todas aquellas personas que sean deudores de pensión alimenticia, acosadores o agresores en el ámbito familiar. Esta propuesta se espera se discuta en esta semana en el Pleno del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) donde se discutirá y, según el caso, aprobará la iniciativa “3 de 3 contra la violencia de género, lo que garantizará que dicha propuesta acompañe a la reforma en materia de paridad y sanción a la violencia política en las próximas elecciones, lo anterior a fin de que se establezca un filtro en el ejercicio de la función pública, ya sea por elección, por designación, o por concurso, para aquellos hombres que ejerzan violencia contra las mujeres, sean acosadores sexuales o sean deudores alimentarios, en el entendido de que las acciones personales de esta naturaleza, sin lugar a dudas serán el reflejo de su conducta en el ejercicio del funcionariado. Estaremos atentas a esta necesaria e importante resolución.

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Lo que el cáncer me ha enseñado….

Siempre me ha gustado hablar, a veces lo he hecho de más y ese ha sido un problema en algunas ocasiones, lo cierto es que cuando hablo siempre lo hago desde el corazón porque creo que él tiene una fuente interminable de ideas y palabras que siempre se le atribuyen al cerebro, pero que en realidad tienen su origen en el fuerte corazón, el que aguanta la tristeza y que se regocija con el amor. ¡Ese sí que es un fregón! Hoy, en este momento de mi vida mis palabras tienen una imperiosa necesidad de salir de ahí, del corazón. Hace más de 4 años, fui diagnosticada con cáncer de mama, la noticia fue devastadora para mí. Preguntas, miles de ellas surgieron en mi cabeza, sin que pudiera encontrar un sentido a la noticia, lo que sé es que nadie debe recibir una noticia de esta naturaleza sola. De repente mi vida se paró, en seco, en frio, recuerdo hasta el aire helado de esa mañana, recuerdo a la radióloga con cara de prisa y angustia pedirme que fuera urgentemente con un oncólogo, recuerdo que por un momento me sentí la más sola de este mundo, que extrañe más que nunca a mi madre, su mano en mi cabeza, y su abrazo de apapacho, y en ese instante en ese mismísimo segundo, mi vida cambió. De repente todo tenía sentido, especialmente la muerte. Mi cabeza comenzó a actuar de una forma que ni yo creía, y mi corazón le hacía segunda. De repente deje de preocuparme y comencé a ocuparme de ese asunto, siempre identifique dos caminos: el primero quedarme ahí parada, helada, angustiada y muerta de miedo; el segundo, ir a buscar al oncólogo y ver de qué se trataba el diagnóstico. En la vida hay decisiones difíciles por tomar, momentos difíciles que afrontar, retos difíciles de lograr y todo tiene que ver con la forma en la que los observamos. El diagnóstico fue confirmado, tenía cáncer de mama en mi seno izquierdo, había que operar y así paso, un diagnóstico erróneo en la biopsia me hizo someterme a una segunda cirugía en menos de un mes. Y pues ahí estaba, en el hospital llena de dudas, terror y miedo, pero agradecida a Dios por su detección temprana. Recuerdo ver mi cuarto lleno de flores al salir del quirófano, a mi familia, a mis amores, pero lo más impactante era la cantidad de amigos que llegaron a verme, no así amigas, y eso me hace pensar dos cosas: ¡¡los hombres estaban más preocupados por mis senos que mis amigas!! ¿O mis amigas morían de terror de verse en mi espejo? Creo que la segunda es la más acertada. El miedo es el sentimiento que irremediablemente te confronta contigo misma, que te saca de tu zona de confort, que te replantea las verdades y aquellas que tú crees que lo son, que te pone frente a frente con lo que eres, y con lo que no quieres darte cuenta que eres y es ahí cuando te confrontas con él, que en realidad entiendes que no tienes control en la más mínima parte de la forma en la que tu cuerpo fluye y decide empezar a despedirse de la vida, a transformarse como lo conocías a cambiar, y tú con él. Cuando estoy frente a mujeres como yo, y yo como ellas, cuando me regalan unos momentos de su vida para escucharme, cuando tengo enfrente a mi amiga, a mi hermana, a la de al lado, a la de enfrente, a la diferente a mí, y a la que no lo es tanto, y les pregunto si ya fueron a revisarse, la respuesta que se repite una y otra vez es “me da miedo”. Mi respuesta a esa afirmación es, -seguro que da miedo-, pero -más miedo da vivir con cáncer-, vivir con esa sombra pesada y obscura detrás de tu espalda, alojada en tu corazón, instalada en tu mente, en tus palabras, en cada uno de los instantes que piensas dar un paso adelante, -eso sí que da miedo-!!! Creo que como en otras cosas, no hemos entendido que la prevención hace la diferencia entre la vida y la muerte, que el vencer nuestros miedos es el parteaguas que nos abre la puerta al futuro, que el limitarnos a cerrar los ojos esperando que el “coco” pase como cuando éramos niñas en medio de una noche obscura, solo hace que ese monstruo, el imaginario, el que ni queremos enfrentar, crezca, y lo haga tan enojado y fuerte, que seguro nos puede aplastar. La vida con este diagnóstico tiene varios caminos, yo estoy tratando de seguir el que me haga más feliz, y digo tratando, porque todos los días es un reto, es una nueva oportunidad. Hay ocasiones que el miedo me gana, otras que le gano yo, y así nos llevamos los días en un eterno partido de resistencia pero sobre todo de resiliencia. Lo único que tenemos seguro en la vida es la muerte, y cuando entendí ese planteamiento lo único que me quedo acomodar en mi cerebro y corazón, es que no debo y no quiero desperdiciar ningún día de los que me queden; lo jodido y perverso, es que sea de esta forma que tuve que haberlo entendido. Hoy me queda claro que acumular riquezas te quita tiempo de vida, que acumular cariños y empatías te hace más placentero este camino y le da un sentido a todos los días, que los grandes problemas y responsabilidades que nos echamos encima, solo nos quitan aire para inhalar y exhalar con agradecimiento, amor y tranquilidad. Nunca ha cobrado más sentido en mí la frase de: “no vale la pena”. No la vale el pelear, no la vale el envidiar, no la vale el desearle mal al otro o la otra, no la vale el pensar en el pasado que dolió pero que ya pasó, no la vale el pensar sólo en el trabajo, el pensar sólo en lo que no tengo pero que tampoco necesito, no la vale el olvidarme de mi ni de ti. Así que siempre será mejor prevenir que vivir con miedo eterno. Tócate, revísate, cuídate, el cáncer es curable si se detecta a tiempo.

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SER NIÑA EN UN PAÍS COMO MÉXICO

De manera general hablar de la infancia en México, es hablar de un sector de la población que requiere de especial atención y preocupación desde todos los ámbitos. UNICEF señala que en México habitan 40 millones de niños, niñas y adolescentes en el país, de los cuales más de la mitad viven en pobreza, y de ellos, alrededor de 4.7 millones se encuentran en pobreza extrema. Todas estas realidades se acrecientan mucho más en las niñas, al verse también violentadas por historias de desigualdad, discriminación y violencia que, sin lugar a dudas, atentan contra el planteamiento de la Declaración Universal de Derechos Humanos que proclama que la infancia tiene derecho a cuidados y asistencia especiales. En este tenor es necesario plantear que las niñas son impactadas por los estereotipos de género, por ejemplo, en muchos lugares se sigue considerando que las niñas no necesitan educación y que se tienen que preparar para el matrimonio, se les educa teniendo en mente que son las responsables del trabajo doméstico así como históricamente lo han hechos sus madres, siguen estando en muchas ocasiones a cargo del cuidado de otras personas, sus hermanas y hermanos, sus abuelos, o incluso sus padres o madres. Otra lamentable realidad a la que se enfrentan día a día miles de niñas en el mundo es la relativa a la violencia, violencia de distintos tipos y modalidades entre la que encontramos la violencia sexual, la explotación sexual, la pornografía infantil, la explotación laboral entre otras realidades que son sin lugar a dudas producto de la influencia de relaciones de poder basadas en el género, profundamente arraigadas en la sociedad y de una cultura adultocentrista y misógina que sigue perpetuando en ellas las desigualdades y la violencia estructural. Los datos estadísticos nos revelan estas realidades, de acuerdo con el Informe Anual de la Unicef 2018, en México es asesinada una niña todos los días, mientras que dos de cada 10 personas extraviadas o desparecidas son niñas, niños y adolescentes. Además, que, por cada 10 niñas, niños y adolescentes, entre uno y 14 años, seis han experimentado algún método violento de disciplina infantil en sus hogares. Así mismo, datos de la Encuesta Intercensal 2015, 28.4% de las adolescentes de 15 a 17 años no han concluido su educación secundaria, por su parte la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID), señala que 9.6% de las adolescentes de 15 a 17 años han estado embarazadas alguna vez. México al ser estado parte de los instrumentos internacionales en materia de Derechos Humanos de la infancia, tiene la obligación de generar todos los mecanismos institucionales, legislativos y de colaboración entre la sociedad y el gobierno, a fin de garantizar los derechos de la niñez de manera integral. En el marco del Día Internacional de la Niña es importante visibilizar y atender la realidad que viven las niñas en México, es importante identificar la doble o triple discriminación a la que ellas se enfrentan, la primera por su condición de género y la segunda por ser menor edad, y en determinados casos por ser indígenas, migrantes o tener alguna discapacidad, pero sobre todo y ante todo, identificar la responsabilidad que tenemos como sociedad y como autoridades para garantizarles una vida plena, libre de violencia y en condiciones de igualdad.

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Madero, el páramo anunciado

Hace algunos años, a raíz de un artículo publicado por quien esto escribe sobre los fatales desequilibrios ecológicos y sociales que estaba acarreando el monocultivo extensivo del aguacate, un lector dedicado a esta actividad y muy ufano de las bondades económicas de estas plantaciones, argumentó con ánimo triunfal que se estaban ensayando variedades modificadas para que el cultivo se hiciera incluso en tierras cálidas. Que el aguacate era lo mejor que nos había pasado, celebraba. Ya para entonces dábamos seguimiento a la expansión de la frontera aguacatera en el municipio de Madero y sus terribles consecuencias en la reducción acelerada de bosques, la escases de agua, el incremento en la intencionalidad de incendios forestales, la aplicación de plaguicidas que merman la población de abejas y otros insectos, la contaminación de arroyos y ríos que han hecho incomibles los peces del rio Curucupatzeo y la reducción de la fauna salvaje a la que se le cortan los corredores biológicos. Además, observábamos con preocupación el incremento de las tensiones sociales por el acceso al agua, la agudización del acoso para la compra forzada de tierras boscosas y la proliferación del inmobiliarismo aguacatero que ha carcomido los vínculos sociales de los pueblos y su relación con sus ecosistemas, el uso de tecnologías que dañan los ciclos naturales del medio ambiente y el incremento de la inseguridad por la porosidad social propiciada por estas empresas sin pertenencia social ni cultural. A seis años de aquella publicación confirmamos que la expansión aguacatera en Madero ha cumplido con creces los peores pronósticos. A la fecha no sólo no se ha detenido la destrucción de cientos de hectáreas de bosque sino que se ha triplicado la velocidad con la que se arrasan. La impunidad con la que se pueden arrasar 10 o 100 hectáreas de pino y encino durante un par de meses es asombrosa y escandalosa si consideramos que los ciudadanos realizan denuncias oportunas que son ignoradas por quienes tienen la responsabilidad constitucional de aplicar el derecho ambiental. En Madero se arrasan bosques y se hace cambio de uso de suelo como si hubiera permiso para ello. Es el negocio de moda. Es tan rutinario este fenómeno que la policía municipal -conforme a información obtenida- escolta a los compradores de madera ilegal para que la realicen en ciertos aserraderos o la desaparezcan en cualquiera de las 11 astilladoras permitidas en Madero y Acuitzio del Canje. Los bosques de Madero, sur de Morelia y Acuitzio, son proveedores estratégicos de servicios ambientales, esenciales para más de un millón y medio de personas que habitan el valle de Guayangareo y una gran parte de los pueblos de tierra caliente, más allá de ser imprescindibles para los ecosistemas que albergan. La ausencia de gobierno y ley en la sierra de Madero ha permitido que en pocos años el desmantelamiento de bosques sea brutal. Podemos tomar como indicador de este ecocidio el incremento en la instalación de ollas captadoras de agua. Toda huerta que se precie de funcional debe contar con al menos una de grandes dimensiones. Pues bien, el incremento en un par de años ha sido de trescientos por ciento, con la complacencia o no de Conagua. Son ollas que preferentemente aprovechan los nacimientos naturales y las zonas de infiltración secando los arroyuelos y dejando sin agua a los ecosistemas y poblaciones tierras abajo. Los pobladores de Madero saben perfectamente que en pocos años sólo quedará un páramo de lo que son y fueron sus bosques. Lo que viene es un conflicto vigoroso por el acceso al agua y por el cuidado y rescate de su territorio natural. Este hecho, por sí mismo, pone en evidencia el fracaso de las políticas ambientales de todos los órdenes de gobierno que hasta ahora solo han administrado la protesta y paliado los reclamos sin tocar el fondo de la problemática. En este contexto emergen iniciativas cívicas determinadas por esta preocupación. En la última semana destaca el acuerdo del ejido más antiguo de Madero, que data de 1925 y del cual depende la vida ambiental de la cabecera municipal. El Ejido de Villa Madero ha decidido tomar acciones firmes para proteger sus bosques del acoso aguacatero y de algunos madereros que están sacando ventaja de la madera talada fuera de la ley. La pérdida de caudales de agua, nos dicen, ha mermado la producción agrícola y disminuido la que corre hacia tierra caliente. Si el Ejido de Villa Madero pierde sus bosques la cabecera municipal la pasará muy mal y la razón es simple: de ellos depende el agua y la calidad de vida de sus pobladores. Para los ejidatarios es claro que quien tala o estimula el derribo con la compra de madera ilegal está dañando la vida de toda la población, está matando a Madero, lo está llevando a la condición de páramo. Este fenómeno está generalizado en la zona de Coalcomecas y los nacimientos que proveen de agua a Moreno y San Diego Curucupatzeo, la segunda tenencia más grande del municipio. Otros ejidos del municipio han tomado decisiones semejantes como el de Acatén, San Diego, San Pedro y la Concepción, incluso ejidos del sur de Morelia como el de Nieves han hecho lo propio y es que ante la ausencia del gobierno no se puede perder el tiempo. Lo que está en juego es la vida de los pueblos que habitan estas sierras y parece que al gobierno eso le importa un bledo. Hasta ahora no hemos sido testigos de que el aguacate pueda cultivarse en zonas cálidas pero sí del poder económico y político que los grandes cultivadores y sus proveedores han alcanzado. Un poder que les permite ahora disputarse municipios, diputaciones y la gubernatura. Espacios que si los consiguen, sobra decir, estarán al servicio de sus intereses económicos construidos con base en el ecocidio. Si así fuera, la conversión de bosques en páramos está asegurada para Madero y todo Michoacán… si antes no alzamos la voz para impedirlo.

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Madero, el páramo anunciado

Hace algunos años, a raíz de un artículo publicado por quien esto escribe sobre los fatales desequilibrios ecológicos y sociales que estaba acarreando el monocultivo extensivo del aguacate, un lector dedicado a esta actividad y muy ufano de las bondades económicas de estas plantaciones, argumentó con ánimo triunfal que se estaban ensayando variedades modificadas para que el cultivo se hiciera incluso en tierras cálidas. Que el aguacate era lo mejor que nos había pasado, celebraba. Ya para entonces dábamos seguimiento a la expansión de la frontera aguacatera en el municipio de Madero y sus terribles consecuencias en la reducción acelerada de bosques, la escases de agua, el incremento en la intencionalidad de incendios forestales, la aplicación de plaguicidas que merman la población de abejas y otros insectos, la contaminación de arroyos y ríos que han hecho incomibles los peces del rio Curucupatzeo y la reducción de la fauna salvaje a la que se le cortan los corredores biológicos. Además, observábamos con preocupación el incremento de las tensiones sociales por el acceso al agua, la agudización del acoso para la compra forzada de tierras boscosas y la proliferación del inmobiliarismo aguacatero que ha carcomido los vínculos sociales de los pueblos y su relación con sus ecosistemas, el uso de tecnologías que dañan los ciclos naturales del medio ambiente y el incremento de la inseguridad por la porosidad social propiciada por estas empresas sin pertenencia social ni cultural. A seis años de aquella publicación confirmamos que la expansión aguacatera en Madero ha cumplido con creces los peores pronósticos. A la fecha no sólo no se ha detenido la destrucción de cientos de hectáreas de bosque sino que se ha triplicado la velocidad con la que se arrasan. La impunidad con la que se pueden arrasar 10 o 100 hectáreas de pino y encino durante un par de meses es asombrosa y escandalosa si consideramos que los ciudadanos realizan denuncias oportunas que son ignoradas por quienes tienen la responsabilidad constitucional de aplicar el derecho ambiental. En Madero se arrasan bosques y se hace cambio de uso de suelo como si hubiera permiso para ello. Es el negocio de moda. Es tan rutinario este fenómeno que la policía municipal -conforme a información obtenida- escolta a los compradores de madera ilegal para que la realicen en ciertos aserraderos o la desaparezcan en cualquiera de las 11 astilladoras permitidas en Madero y Acuitzio del Canje. Los bosques de Madero, sur de Morelia y Acuitzio, son proveedores estratégicos de servicios ambientales, esenciales para más de un millón y medio de personas que habitan el valle de Guayangareo y una gran parte de los pueblos de tierra caliente, más allá de ser imprescindibles para los ecosistemas que albergan. La ausencia de gobierno y ley en la sierra de Madero ha permitido que en pocos años el desmantelamiento de bosques sea brutal. Podemos tomar como indicador de este ecocidio el incremento en la instalación de ollas captadoras de agua. Toda huerta que se precie de funcional debe contar con al menos una de grandes dimensiones. Pues bien, el incremento en un par de años ha sido de trescientos por ciento, con la complacencia o no de Conagua. Son ollas que preferentemente aprovechan los nacimientos naturales y las zonas de infiltración secando los arroyuelos y dejando sin agua a los ecosistemas y poblaciones tierras abajo. Los pobladores de Madero saben perfectamente que en pocos años sólo quedará un páramo de lo que son y fueron sus bosques. Lo que viene es un conflicto vigoroso por el acceso al agua y por el cuidado y rescate de su territorio natural. Este hecho, por sí mismo, pone en evidencia el fracaso de las políticas ambientales de todos los órdenes de gobierno que hasta ahora solo han administrado la protesta y paliado los reclamos sin tocar el fondo de la problemática. En este contexto emergen iniciativas cívicas determinadas por esta preocupación. En la última semana destaca el acuerdo del ejido más antiguo de Madero, que data de 1925 y del cual depende la vida ambiental de la cabecera municipal. El Ejido de Villa Madero ha decidido tomar acciones firmes para proteger sus bosques del acoso aguacatero y de algunos madereros que están sacando ventaja de la madera talada fuera de la ley. La pérdida de caudales de agua, nos dicen, ha mermado la producción agrícola y disminuido la que corre hacia tierra caliente. Si el Ejido de Villa Madero pierde sus bosques la cabecera municipal la pasará muy mal y la razón es simple: de ellos depende el agua y la calidad de vida de sus pobladores. Para los ejidatarios es claro que quien tala o estimula el derribo con la compra de madera ilegal está dañando la vida de toda la población, está matando a Madero, lo está llevando a la condición de páramo. Este fenómeno está generalizado en la zona de Coalcomecas y los nacimientos que proveen de agua a Moreno y San Diego Curucupatzeo, la segunda tenencia más grande del municipio. Otros ejidos del municipio han tomado decisiones semejantes como el de Acatén, San Diego, San Pedro y la Concepción, incluso ejidos del sur de Morelia como el de Nieves han hecho lo propio y es que ante la ausencia del gobierno no se puede perder el tiempo. Lo que está en juego es la vida de los pueblos que habitan estas sierras y parece que al gobierno eso le importa un bledo. Hasta ahora no hemos sido testigos de que el aguacate pueda cultivarse en zonas cálidas pero sí del poder económico y político que los grandes cultivadores y sus proveedores han alcanzado. Un poder que les permite ahora disputarse municipios, diputaciones y la gubernatura. Espacios que si los consiguen, sobra decir, estarán al servicio de sus intereses económicos construidos con base en el ecocidio. Si así fuera, la conversión de bosques en páramos está asegurada para Madero y todo Michoacán… si antes no alzamos la voz para impedirlo.

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Agendas irreconciliables

La buena voluntad no basta para que se pueda detener la destrucción de la naturaleza. No bastan los acuerdos internacionales que reconocen la gravedad del calentamiento global, como tampoco son suficientes los acuerdos hemisféricos que alertan sobre los problemas ambientales que encaran los países. Tampoco bastan los grandilocuentes discursos que políticos y gobernantes pronuncian para convencer electores arropándose con la bondad de la agenda ambiental. Hemos llegando a un punto en que la agenda ambiental se encuentra estancada y ciertamente en retroceso en muchos lugares del mundo. Los gobiernos de países poderosos como Estados Unidos y otros más están cuestionando, conceptual y prácticamente, los saberes y acuerdos que le han permitido a la comunidad internacional llegar a consensos básicos en torno a la importancia y cuidado de los ecosistemas del planeta. No sólo se continua estimulando el uso de energías fósiles: petróleo y carbón, causantes del cambio climático, también se sigue apoyando el crecimiento de negocios que implican la destrucción de selvas y bosques para la extracción de maderas y para usar los suelos en cultivos de gran valor comercial, o la autorización de explotaciones mineras que tendrán impactos negativos sobre ecosistemas y la vida humana. Si bien es cierto que un segmento importante de gobernantes del mundo, entre los que destacan en nuestro continente Estados Unidos, Brasil y México, han dado marcha atrás a los compromisos ambientalistas y con ello poner en entredicho los consensos globales sobre el cuidado del planeta, no es menos real y preocupante que el discurso de los políticos y gobernantes en pro del medio ambiente sigue estando aún muy distante de acciones prácticas que frenen la destrucción. En el fondo de esta problemática se encuentra el carácter irreconciliable de dos agendas que chocan frontalmente. Por un lado la agenda económica, que sustentada en el paradigma antropocéntrico de que el planeta está para ser apropiado y explotado para abastecer los mercados globales, y por otro, la agenda del planeta natural, que puede ser la agenda ambiental de las conciencias más avanzadas, que se soporta en el paradigma de que el planeta no está ahí para ser tragado por la humanidad, que está ahí a pesar de nosotros y que su dinámica es vital para la existencia de todos los seres vivos. Tal y como existen ambas agendas son irreconciliables. Y sin embargo, la única agenda que puede y debe modificarse es la económica, la que depende de nosotros, la que fue construida a la medida de las ambiciones humanas. La otra, seguirá su ruta dándonos respuestas brutales a la intervención errada de nuestros sistemas productivos. Que este choque es frontal se constata localmente en asuntos como la política energética del gobierno de la república que privilegia el uso de energías fósiles o que favorece los intereses de empresas de agroquímicos, que termina reventado al propio titular de la Semarnat. Por igual se mira en el crecimiento imparable de huertas aguacateras que literalmente están devorando los bosques michoacanos, o de frutillas que se llevan el agua de las poblaciones, y ante los cuales existe una ausencia calculada de la federación, gobierno estatal y municipios. Es decir, ante el dilema economía insostenible - medio ambiente, estamos siendo testigos de la preferencia abrumadora del Estado por la ruta de siempre: la insostenibilidad. Y esto sigue ocurriendo en todo el mundo. Incluso, no es para nada extraño que políticos y funcionarios sean beneficiarios de esta manera de hacer negocios. Algunos porque son prósperos empresarios del ramo y otros porque reciben pingües recursos de estos para apuntalar sus carreras políticas. En el caso de México, nuestro gobierno federal tuvo en sus manos la oportunidad de un rediseño pro ambientalista e iniciar el tránsito hacia procesos productivos amigables con la naturaleza pero claudicó, decidió a partir de criterios ideológicos trasnochados, optar por fortalecer la economía al modo de la era de la Revolución Industrial. El choque frontal de ambas agendas debe atenderse con urgencia desde los gobiernos locales y el gobierno mundial de tal manera que se diseñen y consensen opciones productivas y de consumo globales, que despojadas del antropocentrismo suicida, se transite a un paradigma que asegure la vida del planeta y la permanencia de la especie humana. Nadie, ni gobiernos ni ciudadanos, debemos esperar un momento epifánico para actuar, la responsabilidad que tenemos sobre el mundo natural es tal que de ella depende el presente y el futuro de la civilización.

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Tomemos partido

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido, el silencio estimula al verdugo” Esta es la frase que tomo vida el 26 de septiembre del 2020 en Morelia, miles de niñas y mujeres, tomaron las calles para tomar partido; partido por el derecho a vivir libres de violencia, el derecho a transitar las calles sin miedo, el derecho a ser escuchadas pero sobre todo dejar a un lado el silencio que le da fuerza a los verdugos. El asesinato de Jessica González Villaseñor, se suma a la cruel realidad que mancha de rojo a este país. Las consignas fueron claras, “nos queremos vivas”, “se acostumbraron a decir llora como niña, y cuando las niñas gritaron ya no les gusto”, “no tengo miedo, tengo rabia”, “si no aparezco no prendan velas, prendan barricadas”, “nos quisieron quemar y nos volvimos fuego”, “nací para ser libre, no asesinada”, “qué mujer importante en tu vida tiene que desaparecer para que dejes llamarnos, locas y feminazis”, “nunca tendrán la comodidad de nuestro silencio otra vez”; entre otras frases que pintadas de rojo, verde y morado, plasmaban la rabia, impotencia y frustración que se siente perder a una de ellas, a una de todas. La violencia que vivimos en el país, es el reflejo de años de silencio y normalización de violaciones a los derechos humanos de las mujeres, de sociedades apáticas y cómplices en este silencio, de autoridades ajenas y ciegas a esta realidad, inmersas en burocracia y poca empatía. Escuchar, leer, vivir y sentir la violencia que vivimos todos los días las mujeres en todo el País, es la realidad que lejos de alejarse e irse transformando, pareciera que retoma fuerza y que se encona cada día más en la sociedad. La realidad es que muchas son las aristas que confluyen en el complejo, pero ya bien definido, entramado que da vida a la violencia contra las mujeres. -Es socialmente aceptada, cuando escuchamos frases como: “ella se lo busco por salir de noche”, o cuando decimos “se ganó ese golpe por no ser una buena mujer” y no atender a su marido. -Es culturalmente tolerada, cuando seguimos viendo como todos los días, se siguen promoviendo los matrimonios infantiles, los concursos de belleza que repiten estereotipos, cuando escuchamos canciones que cosifican e hipersexualizan a las niñas. -Es familiarmente aceptada, cuando sabes que tu hijo es violento y no haces nada, o cuando sabes que tu hermana o cualquier mujer de tu familia la vive y prefieres decir en silencio o a gritos, “los trapos sucios se lavan en casa” o “es la cruz que te toco cargar”. Realidades que fomentan que la violencia familiar de enero a agosto del 2020 reporte una cifra nacional de 143, 784 casos, 2 datos que se refuerzan cuando leemos que el 8.1% de las mujeres mexicanas experimentó violencia emocional en el ámbito familiar en el último año. -Es socialmente normalizada cuando escuchas a las mujeres decir “yo me lo busque”, o “ya cambiara porque me quiere”, o decir a los hombres, “es para que se eduque”, o “es por su bien” u otras formas de violencia física que a decir de la ENDIREH, el 34% de las mujeres en México hemos experimentado. -Es imperceptible, invisible en algunos casos, cuando no te das cuenta de que la frase “si me dejas me mato”, o “te celo porque te quiero”, son mecanismos de control y violencia psicológica que a decir de la ENDIREH, el 49 % de las mujeres en México hemos vivido. -Es un problema de educación, cuando repetimos estereotipos de subordinación en el hogar, cuando ponemos a lavar los platos a las niñas o a hacer los quehaceres del hogar y además servirles y atender a los hombres que habitan su casa. -Es un problema de resistencia social y machismo cuando vemos como la sociedad se sigue burlando o juzgando de las mujeres por su apariencia física, por el ejercicio de su sexualidad, por el querer decidir sobre sus cuerpas o por la forma en la que se visten entre otras cosas. O cuando decimos o pensamos cosas como “se ha de haber ido con el novio por eso desapareció”, o “ha de andar en un hotel” o eso se gana por “buscona”, entre una larga lista de descalificativos que nacen desde el prejuicio y del patriarcado introyectado en esta sociedad. -Es construida desde la infancia, cuando sabemos que somos el primer país del mundo productor de pornografía infantil, aportando casi el 60% de la pornografía en el mundo y que además en el 80 % de los casos el abuso sexual infantil es cometido por un integrante de la familia. Y que cuando se conoce esta realidad en los hogares, guardamos silencio y protegemos violadores por el hecho de que nadie se entere pues son cosas de “la familia”. Todas estas realidades que escuchamos, que sabemos o que vivimos, son solo algunas manifestaciones claras de que la violencia contra las niñas y mujeres es una realidad que tiene que atenderse desde muchas aristas, es un obligado binomio que debe de caminar de la mano como fórmula poderosa para poder frenar esta realidad: el cumplimiento de las obligaciones de la autoridad y el apoyo y la trasformación cultural y erradicación de estereotipos desde la sociedad. Las aristas que desde cada lugar debemos atender son claras: -La prevención que irremediablemente debe ser desarrollada con la sociedad teniendo claro que es necesario romper con toda esa normalización que hace que no veamos la forma en la que nos relacionamos y la forma en la que la fomentamos desde el hogar, la escuela y la comunidad. -La atención que requiere de instituciones capacitadas en la identificación de los derechos humanos de las mujeres, que cuenten también con mecanismos que garanticen la sanción en caso de violencia institucional y que además tengan claro que la atención a las mujeres tienen que ser basada en los principios de respeto, verdad, justicia, legalidad y correcta aplicación de las leyes desde una perspectiva de género. -La sanción, que obliga a juzgar con perspectiva de género y a hacer una revisión de la historia de vida de cada mujer para entender cuál es su realidad y contexto. -La legislación sensible al género, que necesariamente debe de revisar la realidad de cada territorio, no desde el escritorio, sí desde el contexto social, económico, comunitario y sobre todo desde las necesidades de las diferentes formas de ser mujer. -Presupuestos etiquetados con perspectiva de género, que tengan claro las necesidades de las mujeres en espacios y territorios determinados. Todo esto confluyendo en el entendimiento que la empatía debe de cruzar por todas estas acciones, tomar partido significa, reconocer la realidad, hacerse cargo de ella, reconocer las violencias, pero también nuestras violencias, para saber dónde estamos parados como sociedad, para saber qué papel jugamos en toda esta realidad, ¿de verdad somos empáticos como sociedad y autoridad?, ¿de verdad nos ponemos los lentes morados de la perspectiva de género? El silencio nunca más será la opción, porque muchos años marco el destino de muchas mujeres y hoy ellas, no lo permitirán más, por Jessica y todas las demás.

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