Si hablas solo ¡Estas más cuerdo que nada!

Frecuentemente asociado a la locura, el habla autodirigida tendría sus ventajas. Hablar solo es algo que erróneamente hemos asociado a la locura y a la anormalidad.

Tenemos la idea de que el lenguaje sirve para comunicarnos con los demás, y que cuando el habla no va dirigida a nadie es un signo de padecer algún trastorno mental.

Sin embargo, casi todos nosotros lo hacemos, al menos cuando estamos solos y no hay otras personas alrededor que puedan oírnos.

Hablar solo tampoco es un síntoma de soledad o de no tener amigos. Para mucha gente es una manera de organizar o aclarar las ideas.

-Cuanta más extravertida es la personalidad, los diálogos internos en voz alta son más frecuentes.

En opinión de la psicóloga Isabel Larraburu, las personas que exteriorizan mucho sus ideas y estados de ánimo necesitan mayor cantidad de estímulos sensoriales para conseguir el equilibrio personal.

“Si se ven forzados al aislamiento o la soledad, pueden llegar a construirse un ambiente a su medida hablando solos, con los animales o con las plantas”.


-Hablar solo es normal.

En psicología, a hablar solo se le denomina habla autodirigida, habla privada, o discurso egocéntrico en los niños.

Según Lev Vygotski (1962), especialista en psicología del desarrollo, este tipo de habla forma parte de un proceso natural.

Uno de los aspectos que quizás distinguen a niños y adultos no es la presencia o ausencia de este tipo de habla, sino que con el paso del tiempo normalmente el habla privada se va reduciendo y pasa a interiorizarse para constituir el habla interna o pensamiento verbal, que suele incluir más bien susurros y habla musitada, en lugar de voz alta.

La ciencia siempre nos ha ayudado con sus investigaciones a dejar de creernos locos y aplaudir las “rarezas” que hacemos. Te explicamos a qué conclusión llegaron.

-No te rías de la gente que habla sola, porque son más inteligentes que tú.

Daniel Swigley y Gary Lupyan son los científicos responsables de este descubrimiento. Su experimento se basó en personas que debían encontrar objetos típicos de éste, como frutas y verduras, primero sin tener la posibilidad de hablar y escuchándolos sólo una vez. ¿El resultado? ¡Olvidaron lo que tenían que encontrar!

Después se repitió el mismo reto, pero con la ventaja de poder repetir en voz alta lo que se les estaba pidiendo.

La memoria se activó y muchos lograron su objetivo. Esto demostró que la mente se organiza y se enfoca por estímulos de escucharse a sí mismos.