Force Fest, pantano metalero

Lo que todos temían que llegara a suceder en el Force Fest, pasó. La lluvia alzó la mano desde temprano en la tierra de los dioses y cambió el día.

Era sábado y Hatebreed tocaba en uno de los escenarios principales del Campo de Golf Teotihuacán. Jamey Jasta comenzaba a tocar Destroy Everything; el mosh pit comenzaba con Comeback Kid viendo al escenario del lado derecho, por force Bank en unos arbolitos, pero pronto se difuminó por el torrencial.

La experiencia cambió totalmente. El primer trago amargo fue la cancelación de Devildriver. Después, el lodazal. Las bandas dieron todo lo que tenían, fueron bestiales, pero no pudieron contrarrestar los efectos del terreno, que acercaban al Force a la experiencia del Wacken Open Air, pero sólo en cuestión del pantanal, el resto dejó mucho que desear.

El sistema cashless (pulsera de pago digital) colapsó y no quedó de otra más que comenzar a cobrar con efectivo. Como sea, para cuando el punk se adueñó del escenario alternativo, muchos encontraron la manera de sobrevivir al no poder comprar ni usar el dinero que cargaron en sus brazaletes.

Emery tocaba Walls y la lluvia volvía a aparecer. Hasta este momento, las playeras negras se escondieron y los impermeables ya dominaban el atuendo rudo del festival.

Filas largas para poder comer. De hasta una hora, así que varios preferían aguantarse el hambre y ver a Comeback Kid, un grupo de hardcore punk que jamás decepciona.

Wake the Dead es esa rola que alentaba a revivir el espíritu, a olvidarse de sentir los pies mojados y disfrutar el festival ya cubierto de lodo seco.

Desafortunadamente, por más que los metalheads querían dedicarse a ver el festival, las malas noticias aparecían en forma de notificaciones en el celular.

Lamb of God y Senses Fail cancelaron su participación del domingo argumentando problemas contractuales.

El sonido de los escenarios grandes se colaba en otros. Fat Mike, de NOFX, se burlaba de cómo los Stone Temple Pilots se escuchaban a lo lejos.

n show siempre picaresco el de los californianos. Usando las tonterías para complementar rolas como Stickin in my Eye y Linoleum y tener a la gente en sus manos y riendo de tantas tarugadas.

NOFX no se olvidó de rendir tributo a Tony Sly, su amigo y compañero de No Use For A Name que falleció en 2012.

La gente resbalaba en los hoyos. Se supone que el sitio es un campo de golf, cuyo terreno quedó deshecho ya entrada la noche con System of a Down. Así que los golfistas que se supone practican allí deberían ir buscando otro lugar.

Nadie se fue, todos se quedaron a ver a System, porque tocaron todas las rolas de antaño, incluida la impronunciable letra de Chop Suey. Ni siquiera se podían sentar por el terreno, devastados los chicos, no les quedó de otra más que sacar el resto de ira con el grupo. Prison Song, B.Y.O.B., Aerials, Psycho. Fue un conciertazo el que estaban dando, y vaya que merecido por lo que estaba por vivir la gente.

Toxicity y Sugar fueron las últimas rolas, para después emprender la salida, por un sendero donde el lodo atascaba los coches y nadie podía sostenerse en pie, mucho menos los que ya iban tambaleando por tanta cerveza.

Hasta dos horas se tardaban en salir. Fue un suplicio. De acuerdo con redes sociales, había gente que a las 6:00 de la mañana pudo abandonar el terreno, a escasas horas de arrancar la última jornada.