Ozzy Osbourne recorre Santiago para grabar el documental de su adiós

El inglés ayer paseó en secreto por la capital, acompañado por uno de los fotógrafos más legendarios del rock. Esta noche se presenta en el Movistar Arena.

El recorrido se promociona como una despedida definitiva, como la última vez de una leyenda actuando frente a su público de diversos países, incluyendo al chileno. Pero es probable que ni el mismo Ozzy Osbourne sea tan categórico con respecto a la intención detrás de su nueva gira, que esta noche aterriza en el Movistar Arena y cuyo nombre, No more Tours 2, opera como un chiste interno: no sólo es un juego de palabras con “No more tears”, su popular himno noventero, sino además una especie de segunda parte de su gira No more tours, de 1992, cuando el británico amenazó por primera vez con un paréntesis de los escenarios tras ser diagnosticado erróneamente de esclerosis múltiple. La idea duró poco y, en 1995, volvía a la ruta con la gira Retirement Sucks (“el retiro apesta”), otro capítulo de una humorada que el Príncipe de las Tinieblas ha extendido por un cuarto de siglo.

Por lo mismo, sería derechamente arriesgado afirmar que lo de esta noche en el Parque O’Higgins será el adiós de Osbourne de los escenarios chilenos. Si bien el ex vocalista de Black Sabbath argumentó su decisión con el fin de pasar más tiempo con su familia, sumándose a otros colegas ilustres que dejarán la vida en la ruta, como Elton John, Paul Simon y Slayer, el mismo Osbourne se preocupó de aclarar que una vez finalizado este recorrido, que lo tendrá volando por diversos continentes hasta 2020, seguirá realizando giras más breves y selectas.

Como sea, toda la promoción en torno a No more Tours juega con la idea del último adiós, y así lo ha hecho sentir el equipo de trabajo del británico. De hecho, tras su aterrizaje en Santiago durante el mediodía del domingo, a bordo de un vuelo privado proveniente de México, el intérprete de “Bark at the moon” ha ocupado su estadía en la capital para tomarse fotografías y grabar algunas escenas que darán forma a un nuevo documental, centrado en los diversos destinos y los pormenores de su actual tour.

Así, en completo sigilo y sin ser reconocido por los transeúntes, ayer el músico dejó el hotel Sheraton -donde se hospeda en la capital- para recorrer diversos lugares emblemáticos de Santiago, con el fin de registrar escenas para la película. Una producción que se desarrolló bajo estricto hermetismo y que tuvo al fundador de Black Sabbath paseando anónimamente por Bellavista y el sector de Patronato, entre otras locaciones escogidas por su staff.

Mientras todo esto ocurría, Osbourne despistaba a sus seguidores locales subiendo una fotografía a sus redes sociales con la leyenda “en camino a Chile”, donde se le ve sonriente y a bordo de su jet privado. Tal como ocurre con su supuesta despedida de las giras planetarias, el cantante también juega al misterio con su estadía en Santiago.

Además, está en la capital junto al fotógrafo inglés Ross Halfin, uno de los más afamados profesionales del tema, experto en captar a bandas rockeras y que antes ha girado con nombres como Metallica, Iron Maiden, Def Leppard, Mötley Crüe, Van Halen y Aerosmith, entre otras.

Sólo humano
“He sido sumamente afortunado al haber tenido dos carreras muy exitosas en la música. Este último tour lo veo como una gran celebración para mis fans y para todos los que han disfrutado mi música durante las últimas cinco décadas”. Con esa declaración, difundida a través de un comunicado de prensa, Osbourne anunciaba el año pasado su presente tour. Un recorrido que comenzó recién a fines de abril -con un show el viernes 27 en Jacksonville, Florida (EE.UU.)- y que tras su paso por Sunrise y México desembarca ahora en Santiago, la cuarta estación del tour.

Tal como viene siendo la tónica de sus últimas presentaciones, lo de esta noche (21.00 horas) será una velada de grandes éxitos, tanto de la discografía solista del británico -“Suicide solution”, “No more tears”, “Crazy train”, entre otras- como de su época al mando de Black Sabbath, entre las que se cuentan las infaltables “Paranoid” y “War pigs”.

Todo esto, acompañado por la banda de músicos que lo ha secundado en la ruta durante los últimos años: el histórico Zakk Wylde en la guitarra, Rob “Blasko” Nicholson en el bajo, Tommy Clufetos en la batería y Adam Wakeman -hijo del tecladista de Yes, Rick Wakeman- en los teclados. Los mismos que a estas alturas saben de sobra cómo hacer lucir en escena al cantante, quien a sus 69 años y luego de décadas de excesos, ha admitido que presenta ciertos ripios en su voz.

“Hay ocasiones en que la voz se me va, pero lo hago lo mejor que puedo. A veces sueno terrible y otras muy bien, pero soy simplemente un ser humano y prefiero ser sincero al respecto”, declaró recientemente el vocalista al portal Blabbermouth, con su desparpajo y honestidad habitual.