México y la Migración

La Migración Internacional es un tema que los mexicanos solemos tener muy presente. Y no es para menos, dado que tradicionalmente México ha sido un país expulsor de migrantes, al grado que actualmente viven más de 38 millones de personas, entre nacidos en México (12.3 millones) o de ascendencia mexicana (26.2), en los Estados Unidos.

Sumado a ello, las remesas que envían los mexicanos en el exterior se han convertido en una de las principales fuentes de divisas para el país, pasando de algo más de 6 mil millones de dólares en el año 2000, a más de 40 mil millones en el 2020. Esto, cabe aclarar, no es resultado de ninguna política de gobierno.

Por otro lado, es indudable que la mano de obra de los migrantes mexicanos es fundamental para la economía de los Estados Unidos.

Todo ello ha llevado a que desde hace décadas, administraciones y congresistas en los Estados Unidos, de la mano del lobby migrante, hayan buscado una reforma migratoria integral que permita regularizar el estatus migratorio de millones de personas, incluidos los jóvenes dreamers (jóvenes que llegaron a los Estados Unidos de manera irregular siendo niños).

Durante los años ochenta y noventa hubo prometedores avances en ese sentido, sin embargo, un evento cambiaría todo: los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Tales hechos redefinieron y transformaron al mundo, y los temas de la seguridad internacional y el combate al terrorismo se volvieron centrales en la agenda internacional, relegando a la migración en un segundo o tercer plano.

No obstante, el tema migratorio a nivel mundial cobró relevancia en los últimos años debido principalmente a dos factores. Primero, por la crisis migratoria en Europa derivada de los conflictos y la inestabilidad en medio oriente. Segundo, por la crisis económica en Venezuela, y la violencia y falta de oportunidades en Centroamérica. Estos hechos han ocasionado desplazamientos y la continua llegada, tanto de migrantes como de refugiados, a las fronteras de distintos países.

Sin embargo, el tema migratorio es también fuente de división interna en varios países, lo que expone a los migrantes a discriminación, malos tratos e incluso explotación, alentados además por discursos xenófobos, chovinistas y francamente racistas.
Pero, desde hace algunos años, el tema migrante tiene en México otra vertiente, a la que gran parte de la sociedad y de los políticos prefieren cerrar los ojos.

Miles de migrantes han sido víctimas de la violencia en México. Homicidio, trata, explotación, extorsión, han sido la norma. Y los gobiernos, desde el federal hasta los locales, poco o nada han hecho para atender el tema, e incluso han contribuido a estigmatizar a los migrantes o han sido ellos los perpetradores de los abusos. El caso más reciente es el de Victoria Salazar, migrante salvadoreña asesinada por policías municipales de Tulum, Quintana Roo.

Pero el gobierno federal también ha tenido responsabilidad. Su complicidad con el gobierno de Trump, el consecuente uso de la Guardia Nacional en labores migratorias o la aceptación tácita de convertirnos en Tercer País Seguro a través del programa “Remain in Mexico”, han significado constantes y graves violaciones a Derechos Humanos.

Destaca por ejemplo la flagrante violación al principio de no devolución, consagrado en el Derecho Internacional, en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, y que señala que "[n]ingún Estado Contratante podrá, por expulsión o devolución, poner en modo alguno a un refugiado en las fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social, o de sus opiniones políticas".

Es decir, el Estado debe abstenerse de cualquier medida que pueda tener el efecto de devolver a un solicitante de asilo o refugiado, al país en que su vida o libertad corran peligro, y esto debe aplicarse –y respetarse– aún en situaciones de afluencia masiva, como las caravanas migrantes. Pese a ello, existen múltiples testimonios de cómo las autoridades mexicanas han deportado, sin el menor análisis del caso, a refugiados o potenciales solicitantes de asilo.

Así pues, la migración es un tema central en la Política Exterior de México, y en tal sentido son encomiables los esfuerzos realizados por la Secretaría de Relaciones Exteriores, particularmente la red de consulados, en la defensa de nuestros connacionales en Estados Unidos y el mundo; sobre todo en un contexto en que el flujo de migrantes mexicanos hacia Estados Unidos va de nuevo en aumento. Pero esto contrasta enormemente con el trato que en México, sociedad y gobierno, damos a los migrantes.

Este siglo exige nuevos paradigmas, y esto implica mirarnos al espejo y definir qué tipo de país somos y queremos ser; y cómo habremos de abordar este y otros temas torales de la agenda internacional.