Los retos claros frente a la paridad

La participación activa de las mujeres en los espacios de decisión y poder, ha avanzado lento en México, al amparo de la incorporación en la normativa del binomio de igualdad y no discriminación, en su connotación dual como principios y derechos, ambos orígenes y base del principio de paridad, sin embargo, los números son reveladores y denotan los cambios estructurales que debemos impulsar para que esa paridad sea una realidad.

Las mujeres representamos en la lista nominal el 51.81% y los hombres el 48.9%, (INE, 2020) , sin embargo, en cuanto a la participación del proceso electoral 2017-2018 el INE confirmó que las mujeres votaron más que los hombres, 66.2% contra 58.1%, como se observa, una diferencia de ocho puntos porcentuales (INE; 2019) , dato importante, cuando del derecho a votar y ser votadas hablamos, pues la representación en referencia a la participación activa como votantes de las mujeres, dista mucho de estos porcentajes, es decir votamos pero no estamos.

Sin embargo, hay realidades estructurales que serán parte de esas barreras que limitan la participación activa de las mujeres en todos los espacios y aspectos, y sin lugar a dudas serán los grandes retos y pendientes a vencer, entre ellos encontramos los siguientes, la desigualdad socioeconómica, la división sexual del trabajo y los arraigados patrones culturales, el reconocimiento pleno de la ciudadanía de las mujeres, la eliminación de la cultura de la normalización de la violencia contra las mujeres, la organización social del cuidado, y la concentración del poder en los hombres, son algunas de las realidades lacerantes que se erigen como las grandes batallas a nombrar y revertir para lograr la participación plena de las mujeres en condiciones de igualdad en la vida política y pública del país, identificarlas nos llevará realmente a analizar el camino que las mujeres tienen y tendrán que enfrentar para hacer el principio de paridad una realidad, ante un escenario a todas luces desigual y que debe de dejar ya de ser invisible.

Todos estos retos nos obligan como sociedad a transformarnos, a generar el andamiaje institucional y social para que las mujeres nos posicionemos como actoras sociales y políticas en todos los ámbitos de la sociedad, los costos personales, sociales y familiares que las mujeres pagamos por estar en espacios públicos o de poder, no pueden ser el lastre que limite nuestra participación.

Es necesario entonces, reconocer que los movimientos feministas han sido la luz y fuerza para que esta realidad se transforme, y que todas estas demandas no se gestaron desde un escritorio, se sufrieron, vivieron, idearon, acompañaron y exigieron desde la sociedad civil y en las calles, y mientras estas realidades no cambien, las mujeres seguiremos levantando la voz para que nos escuchen, en la calle y en los espacios públicos y políticos, mientras no se reconozca que somos más de la mitad de la población y que tenemos pleno derecho a decidir nuestro futuro, quedará un largo camino para lograr la igualdad sustantiva y la paridad en este país.

Tenemos sin lugar a duda frente a nosotras, la posibilidad de definir la agenda política y pública del país desde la perspectiva de género, desde los derechos humanos, desde el feminismo, desde la interseccionalidad, desde la diferencia, desde las diferentes formas de ser mujer.